Desarrollador: Kojima Productions
Compañia: Konami
Director: Hideo Kojima
Escritores:Hideo Kojima, Shuyo Murata, Hidenari Inamura
Programador: Junji Tago, et all
ArteYoji Shinkawa, Ikuya Nakamura, et all.
Doblaje: With Kiefer Sutherland, Robin Atkin Downes, Troy Baker et all
Plataformas: Playstation 4, Playstation 3, Xbox 360, Xbox One, Windows PC
Año: 2015

“The real me is no match for the legend” 

Según Hideo Kojima, todos los días en su casa era “Movie Night”, donde la familia se reunía para ver una nueva película cada día. Es obvio que de esos años de formación es de donde vienen muchas de sus influencias; de hecho, se podría decir que toda la saga de Metal Gear es una carta de amor a esos héroes bien machos de Hollywood mientras que al mismo tiempo subvierte el esquema con un marcado subtexto sobre el pacifismo. Tal vez los Snakes tengan a su disposición un arsenal de armas de fuego, pero todo el mundo sabe que las más altas calificaciones y recompensas van a aquellos jugadores que acaban un juego o una misión con un saldo enteramente blanco; nunca serás FOXHOUND si te la pasas matando a todos los enemigos con los que te encuentras.

Es esta influencia cinematográfica la que ha hecho a Metal Gear Solid una saga memorable, una vez que la tecnología – aunque fueran esos “cartones de leche” del primer Playstation – alcanzó su visión. Pero es hasta Metal Gear Solid V que se tuvo el suficiente poder en una maquina de videojuegos para lograr algo parecido a la actuación. Su amigo Avi Arad (nombre que los fans de Marvel reconocerán) le sugirió que para su ultima entrega buscara un actor famoso de Hollywood, y le recomendó a Keifer Sutherland. Ahora, el personaje principal dejaría de lado las exageraciones teatrales del perenne David Hayter (“A Hind….D?????”), cambiándolas por la cualidad taciturna y tosca de Jack Bauer para interpretar al que se convirtió en el indiscutible protagonista de la saga de Metal Gear: Big Boss. 

Ah, y también para que le diera su voz a un médico sin nombre, a bordo del mismo helicóptero que sería atacado por las fuerzas enemigas de XOF en Ground Zeroes.

Nunca fue un secreto muy bien guardado. En el corto del juego aparece la escena donde se declara a Big Boss en coma, con Kaz preguntando “What about HIM?”. Durante el prólogo, cuando el jugador pregunta sobre la identidad del misterioso personaje con la cara cubierta en vendas y la voz de Sutherland él responde que estás hablando contigo mismo. Cuando te encuentras con la Inteligencia Artificial con los patrones de pensamiento de The Boss te dice que no eres Snake. Ah, y el juego inicia con The Man Who Sold the World, de David Bowie, cuya temática es sobre distintas versiones de uno mismo. 

Pero claro, yo creo que muchos jugadores nos negamos al hecho y racionalizamos la evidencia para darle otra interpretación. Tal vez el misterioso Ishmael era una alucinación; y tal vez vez la I.A. quiso decir que Big Boss ya no era, metafóricamente, el Snake que conoció. Sacas eso de tu mente y continuas las horas y horas de diversión que da el juego. 

Mientras lo jugaba, estaba constantemente comparándolo con las demás entradas. Dudaba que su trama pudiera ser tan genial, por ejemplo, como Metal Gear Solid 2. Ese juego es una compleja deconstrucción formal que examina la interacción entre el jugador y el personaje con el juega; Raiden se encontró en una recreación que subvertía los eventos de Shadow Moses, algo que había experimentado via una simulación durante su entrenamiento, una situación compartida por todos aquellos que habíamos jugado el primer Metal Gear Solid. Romper la Cuarta Pared en un videojuego de una manera tan sutil y brutal es algo que rara vez ha sido realizado, y dudaba que Kojima fuera capaz de volverlo a hacer. Pero seguía maravillado con la habilidad de Kojima para que, mediante el gameplay de esta quinta parte, estuviéramos ayudando a crear la leyenda de Big Boss. 

El entendimiento fue repentino. Hideo Kojima sí lo había vuelto a hacer. Es un twist Baudrillardesco. Venom Snake, con el que habias estado jugando desde el principio, nunca fue el verdadero Snake/Big Boss. Era una tábula rasa, que había sido condicionado desde el principio para creerse Big Boss. Se le proporcionó toda la información que requería, dejándolo con el mismo conocimiento que, por ejemplo, tenemos nosotros que hemos jugado Snake Eater y Peace Walker. No sólo eso, sino que sus acciones, creando Mother Base y expandiendo los Diamond Dogs, fueron parte importante de la Leyenda de Big Boss; una leyenda que nosotros mismos habíamos ayudado a construir. La simulación había reemplazado la realidad; o al menos, la había complementado. Cada parte de la Base que se desarrolla, cada soldado que se recluta, se hace en nombre de Big Boss, pero no por él mismo.

La historia de Metal Gear es larga, complicada y en muchas ocasiones, incoherente. Ahora Kojima había logrado que el jugador se convirtiera en parte de ella. 

Por debajo de las exageraciones y ridiculeces, la verdad es que Kojima se ha esforzado por darle un verdadero trasfondo a sus juegos, y la destreza con la que utiliza técnicas literarias postmodernistas y las adapta de manera tan efectiva al medio de los videojuegos hace que casi se le pueda perdonar cómo usa de trasfondo para Metal Gear Solid V conflictos del mundo real de una manera tan ignorante, juvenil e incluso pueril. 

Hablando de adolescencias tardías, tenemos a Quiet. No hay que olvidar que aunque es capaz de infundir en sus juegos verdaderos temas filosóficos dignos de ser explorados a fondo, Kojima es una persona que ve senos en su desayuno. Esa dicotomía se manifiesta en Quiet. Su estética es vergonzosa, y es el tipo de cosas que le da a la industria de los videojuegos su reputación de inmadurez y misoginia. Sí, la razón es que “respira” a través de su piel mediante fotosíntesis gracias a unos parasitos que la cubren (derivados de The End, para los que extrañaban la ciencia loca de Snake Eater) pero ¿nunca oyó hablar del algodón? Es bastante común, según entiendo. Por otra parte, Quiet es un genuino personaje con su propia historia y un arco sobre su búsqueda de la redención; de ser una asesina despiadada pasa a ser una persona heroica y desinteresada, con su despedida siendo una de las partes más emotivas y trágicas del juego. 

El contenido emocional del juego rivaliza con Metal Gear Solid 3: Snake Eater. Aunque nada podrá igualar el enferentamiento final entre Snake y The Boss, Kojima hace algo similar en esta entrega que se le acerca mucho. Durante una de las misiones, una enfermedad infecciosa azota Mother Base, y es deber de Venom Snake contenerla y rescatar a todos los que no estén infectados. Durante el transcurso de la misión, Venom adquiere unos lentes de visión nocturna adaptados para detectar a los enfermos, pero eso es sólo Kojima siendo cruel – todos los soldados dentro del área de cuarentena están infectados y tienen que ser eliminados. Lo peor es cuando te encuentras a varios soldados encerrados y sin síntomas que se alegran de verte e inmediatamente te dan un saludo militar. Expresan su fe ciega en Snake y empiezan a tararear el tema de Metal Gear, aún mientras los vas matando uno por uno sin que opongan resistencia.

Kojima, una vez más, nos obliga a jalar el gatillo. 

A primera instancia, ese parece ser el momento en el que Naked Snake se convierte en Big Boss. Pero como Venom Snake no es Big Boss, sino el jugador, es peor; todos ellos son soldados que tú mismo reclutaste para Mother Base. 

Lo que nos lleva a una de las más grandes criticas que se la hecho al juego – y la más errónea de todas: que está “incompleto” porque no vemos cuándo Naked Snake se convierte en Big Boss. 

En un nivel superficial, sí, el juego está incompleto. En los extras de la edición especial se ve una misión extra en la que se resuelve el paradero de Eli (Liquid Snake), el Tercer Niño (Psycho Mantis) y el Metal Gear que robaron. ¿Cambia mucho el que se haya eliminado? No realmente; Eli desde niño dejó que información irrelevante formara su carácter, y el camino que trazó para convertirse en Liquid Snake ya había sido iniciado desde que lo vemos en este juego. El elusivo Episodio 51 le habría dado un cierre a la trama del robo del Metal Gear, pero hubiera avanzado muy poco su historia y jornada como personaje. 

Los videojugadores a veces queremos que nos den todo bien ordenado, con los puntos sobre las Is. Por eso hubo quejas hasta que expandieron el final de Mass Effect 3 para incluir un epilogo inútil sobre el resultado de las acciones de los tres juegos. Si ya habías logrado la paz – o la destrucción – entre judíos y palestinos del espacio, no era necesaria una imagen que lo mostrara. Es esa poca recepción a la sutileza la que hace obviar el momento justo de Metal Gear Solid V donde Naked Snake se convierte en el Big Boss con el que se enfrentará Solid Snake en unos años. 

La historia de Metal Gear se centra en el conflicto ideologico entre Zero y Big Boss sobre la ultima Voluntad de The Boss y cómo ambos dejaron que ese ideal se corrompiera. En el caso de Zero, el deseo de The Boss de tener un mundo sin fronteras lo llevo a visualizar un mundo entero controlado por él. Para Snake, el mundo de The Boss era un lugar justo para los soldados, donde las lealtades cambiantes entre naciones e ideologías no tuvieran lugar y donde los soldados no fueran tratados como herramientas sacrificables para lograr un “Bien Mayor”. 
 
Donde un pobre soldado cualquiera no le borren la memoria, le hagan cirugía y lo usen como señuelo mientras otros hacen lo que verdaderamente importa en una lucha entre dos personas que solían ser amigos. 

En el momento en el que Snake acordó seguir el plan de usar a Venom Snake, dejó de ser Jack, el pupilo de The Boss, la figura guerrillera que admiraba al Che Guevara, para convertirse, finalmente, en Big Boss. Su lucha dejó de ser por integridad y se convirtió en una expresión de fuerza. Outer Heaven y Zanzibarland no eran esos santuarios para soldados que él insistía que eran, sino simples repositorios de herramientas en su lucha contra los Patriots. Es la ironía final: se había convertido en el mismo tipo de persona que la que mandó a The Boss a morir. Se necesitarían varias décadas, otro largo coma, y su «hijo» para que que se diera cuenta, al final, que el mundo es un mejor lugar sin Serpientes. 
 
Es una caracterización bastante solida para haberse contado a través de media docena de juegos, cada uno hecho sin la posibilidad de una secuela en mente. 

Cómo se refleja este cambio en los demás personajes es igual muy bien logrado. Se puede entender como el irreverente Kaz Miller de Peace Walker se convierte en alguien sediento de venganza contra Big Boss, lo que lo lleva a ponerse de lado de Solid Snake cuando la situación se presenta. Ocelot, por su parte, se mantiene siempre fiel a Big Boss, y en Metal Gear Solid V tenemos una rara oportunidad de presenciar su verdadera personal, no la de un joven arrogante o la de un triple espía el cual nunca sabemos exactamente dónde está su lealtad. 

Una mención especial para Huey Emmerich. Una de las revelaciones más perturbadoras de MGS2 es que se había suicidado cuando se dio cuenta que Hal se acostaba con su esposa, y su presentación en Peace Walker, donde era básicamente un Hal del pasado, no ayudó mucho a volver a hacer a Hal una figura simpática. Pero en Metal Gear Solid V vemos que Huey era un cobarde asesino y mentiroso que la verdad se merecía ese destino. Huey Emmerich es el personaje más repulsivo del juego. 
 
Menos repulsivo resulta Skullface, principalmente porque es bastante plano. Su plan, usar no menos de 4 distintos tipos de parasitos para eliminar la hegemonía del idioma ingles del planeta, parece sacado de una cinta de James Bond. De hecho, es hasta cierto punto irónico el odio que Kojima parece tenerle al inglés, ya que sin haber sido traducidos a ese idioma, los juegos de su saga no hubieran tenido el éxito que tuvieron. 
 
¿Es este el final de Metal Gear Solid? Tal vez haya aún juego para rato. Los detectives del internet encontraron un video que revela otro final. Como parte del desarrollo de Mother Base, puedes fabricar tu propia bomba nuclear que actué como freno a los que quieran invadirte. Pero sucede que los fans encontraron en los archivos del juego un video que supuestamente sale una vez que todos los jugadores decidan eliminar su arsenal nuclear. Sí, Hideo Kojima incluyó en su ultimo juego de Metal Gear la posibilidad de un desarme nuclear ficticio como resultado de una cooperación real. Es probablemente más fácil convencer a un Ayatolá iraní de dejar sus armas nucleares reales que a una de esas adorables creaturitas racistas y homofóbicas del X-Box Live. Quién sabe qué otras sorpresas aún tenga el juego por describir. 
 
Pero creo que podemos asegurar que este es el cierre de la saga para Hideo Kojima. Sí, prácticamente en todas las entregas anteriores se aseguraba que era el fin, pero es hasta recientes fechas que la relación entre Kojima y Konami se desintegró. Tal vez sea para bien. A menos de que se quiera hacer un remake de los dos juegos originales de 8-Bits, no hay huecos que llenar en la historia. La historia de Jack A.K.A. Big Boss se contó desde que era un novato hasta su muerte. 
 
Y la historia fue bastante buena. En ocasiones pedante y tonta; ambiciosa y superficial al mismo tiempo. Pero llena de personajes memorables y momentos que realmente alcanzaban profundidad. Nunca había habido algo parecido antes de Metal Gear Solid, y dudo que pronto vayamos a ver algo que lo supere en la mente de sus fans.