Tal vez es imposible de imaginar en estos días ya que sin importar dónde te encuentres te vas a topar con la parafernalia dedicada a las aventuras situadas en una Galaxia muy, muy Lejana, pero a finales de la década de los ochentas e inicios de los noventas, un periodo que los fans se refieren como los Tiempos Oscuros (y por fans me refiero probablemente solo a mí) esta no era la situación; los libros, cómics — que habían salvado a Marvel Comics de la bancarrota, una historia para otra ocasión —  y animaciones de Star Wars se habían extinguido. Ni siquiera había, gasp, juguetes. Incluso tratar de encontrar la trilogía original era difícil en el mejor de los casos, a unos años de que iniciara la incesante reedición y relanzamiento que la mantienen en los estantes actuales, y a décadas de que estuvieran disponibles presionando un botón. 

El punto es que ahora estamos en una época dorada para ser fan de Star Wars, con un sinnúmero de opciones disponibles para disfrutar hasta que las estrellas se apaguen cuando apenas a 7 años del estreno de The Return of the Jedi la Saga estaba a punto de caer fuera del inconsciente colectivo de la cultura pop. Pero podemos decir que la Saga no estaba muerta, sino que estaba congelada en carbonita (porque somos nerds de Star Wars y ese es el tipo de cosas que decimos).

Star Wars estaba a punto de regresar.

I. Heredero del Imperio

En 1989, la casa editorial Bantam contactó a Lucasfilm para acordar la publicación de un nuevo libro de Star Wars. En ese entonces la biblioteca de Star Wars se componía de 8 elementos: la novelización de Star Wars y la “secuela” de bajo presupuesto Splinter of the Mind’s Eye, y dos trilogías: una de Han Solo y una de Lando. Lucasfilm tardó poco más de un año en contestar, y las compañías se pusieron finalmente de acuerdo. De una lista de autores, se escogió al galardonado autor de ciencia ficción Timothy Zahn para escribirla.

Cuándo se situaría la novela fue interesante; Lucas siempre fue bastante elusivo en lo que era su plan sobre secuelas a la trilogía original y cambiaba constantemente de opinión, pero podemos deducir que en 1990 estaba de bajada y había decidido que no continuaría la historia de Luke y los demás, así que se permitió que la novela pudiera contar lo sucedido después de la Batalla de Endor. El tiempo de lo que eventualmente serian las precuelas estaba estrictamente prohibido, pero como Lucas dijo años después permitió que se escribieran secuelas porque lo más probable es que nunca las haría. 

Para el titulo de la novela se consideró Wild Card, pero había una serie de libros con un nombre similar editadas por un autor que años después escribiría sobre dragones y tias incestuosas (o algo así; cada vez recuerdo menos) así que se manejaron otros nombres, hasta llegar al definitivo. Simple y sencillo:

Heir to the Empire.

El primer material externo de Star Wars fue la novela de la primera cinta, y el primer material original fue la mencionada Splinter of the Mind’s Eye, así que técnicamente ese fue el universo de lo que se conocía como el Universo Expandido de Star Wars. Pero si quieren saber cuándo nació el Universo Expandido, fue justo ahí: en 1991, con la publicación la primera novela de lo que seria conocida como La Trilogía de Thrawn.

5 años después de la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte, los remanentes del Imperio están a punto de ser derrotados. La Nueva República los tiene confinados a apenas unos cuantos sectores de la Galaxia, y los pocos imperiales que quedan no son precisamente lo mejor de lo mejor; los mejor y más brillantes murieron a bordo de la Estrella o en el Executor, el Super Star Destroyer personal de Darth Vader. La suerte del remanente Imperial cambia cuando el Capitan Palleon a bordo del Star Destroyer Chimaera encuentran a un alien de tez cerúlea y brillantes ojos carmesí que asegura ser el ultimo Gran Almirante designado por el Emperador. Su nombre completo no se revelaría hasta años después, y en ese entonces era conocido simplemente como Thrawn.

Thrawn fue un explícito intento del autor por crear un personaje en una posición Imperial de autoridad que no cayera en los mismos vicios de Palpatine y Vader. Palpatine era cruel, manipulador y lleno de secretos, mientras que la version en armadura del otrora niño dorado de los Jedi era impulsivo e inmisericorde, calificativos que no aplicaban al Gran Almirante. Un genio táctico y estratega supremo que siempre estaba dos pasos adelante de sus enemigos, se enfrascó en una campaña a largo plazo para restaurar el poder y la gloria del Imperio.

Uno de los mejores ejemplo del tipo de liderazgo que ofrecía Thrawn se encuentra encimo reacciona cuando dos de sus subalternos fallan en atrapar a Luke Skywalker, que en ambos casos usó sus atrevidas habilidades como piloto para escapar del Chimaera. En el primero, el cadete se rehusaba a aceptar que había sido su culpa: 

“Do you know the difference between an error and a mistake, Ensign?” 
The entire bridge had gone deathly still. Colclazure swallowed again, his face starting to go pale. “No, sir.”
“Anyone can make an error, Ensign. But that error doesn’t become a mistake until you refuse to correct it.” He raised a finger—
And, almost lazily, pointed. Pellaeon never even saw Rukh move. Pieterson certainly never had time to scream.”

Heir to the Empire

Rukh, su guardaespaldas, le corta la garganta. Tal vez no era tan brutal como Vader, pero tampoco era la Madre Teresa.

Dos libros despues, en The Last Command, aunque también falla en atrapar a Luke, el resultado es muy distinto, ya que el cadete despliega creatividad e ingenio en su fallido intento:

“The Empire needs quick and creative minds, Ensign,” Thrawn said. “You’re hereby promoted to lieutenant … and your first assignment is to find a way to break a covert shroud. After their success here, the Rebellion may try the gambit again.”
“Yes, sir,” Mithel breathed, the color starting to come back into his face. “I—thank you, sir.”
“Congratulations, Lieutenant Mithel.” Thrawn nodded to him, then turned to Pellaeon. “The bridge is yours, Captain. Resume our scheduled flight. I’ll be in my command room if you require me.”

The Last Command

Eso tuvo un efecto en la tripulación. Mientras se acercaba al cadete, todos esperaban una repetición del incidente anterior, pero una vez que Thrawn demuestra el tipo de comandante que es, todos los miran con asombro y admiración. Palleon remarca cómo este cambio en actitud demuestra el inminente renacimiento del Imperio.

“And for the first time in five years, Pellaeon finally knew in the deepest level of his being that the old Empire was gone. The new Empire, with Grand Admiral Thrawn at its head, had been born.”

The Last Command

Un rasgo definitivo de Thrawn es que, a pesar de que en cada cuarto en el que se encuentra siempre es el más inteligente y el más preparado, tiene una curiosa falta de arrogancia. En el climax de Heir to the Empire, una vez que su avanzada es derrotada, prefiere retirarse rápidamente al momento de darse cuenta de la situación en lugar de perder tripulación y naves en un desviado intento de salvaguardar su orgullo perdido.

Además, Thrawn era refinado. Tenia la teoría de que la mejor manera de conocer una civilización y notar sus fuerzas y debilidades era a través de su arte, por lo que era un verdadero conocedor de las artes a lo largo de la galaxia.

Pero que no quede duda: este Thrawn era maligno y en todo el sentido de la palabra el villano y el antagonista de la Trilogia, con unas metas bastante claras:

“The conquering of worlds, of course. The final defeat of the Rebellion. The reestablishment of the glory that was once the Empire’s New Order.”

Heir to the Empire

Heir to the Empire y sus secuelas — Dark Force Rising y The Last Command — fueron un éxito, en gran medida gracias a la personalidad del Almirante. Hicieron mucho por establecer lo que seria el Universo Expandido con personajes como Gilad Palleon (quien acaba de hecho reformando el Imperio de una manera ética y décadas después se convierte en el Comandante Supremo de las fuerzas armadas de la Alianza Galactica) Talon Karrde, Borsk Fey’la y Garm Bel Iblis e incluso pudieron ser una influencia para que Lucas se volcara a las precuelas con entusiasmo al notar la emoción que su universo todavía despertaba en los fans. El nombre Coruscant viene de Zahn, no de George, curiosamente.

En retrospectiva, para fans de Thrawn, esta primera trilogía quedaba a deber en un par de aspectos. El primero es que Thrawn no es, obviamente, el protagonista. La protagonista es Mara Jade, la Mano del Emperador, junto con Thrawn la más grande aportación a Star Wars de Zahn. El centro emocional de la trilogía viene de la lucha interna de Mara por acatar la ultima orden de Palpatine (YOU WILL KILL LUKE SKYWALKER) y la incertidumbre de cumplir una vision de ella arrodillarse ante Joruus C’Boath, el clon/ Jedi Oscuro que es el otro antagonista de la historia. Mara Jade acaba cumpliendo ambas, pero dado que eventualmente se convierte, en otro universo, en Mara Jade Skywalker, hay algo de ingenio por parte de Zahn ahí.

El otro problema es que Thrawn es muy bueno en lo que hace. Increíblemente bueno. Es tan genial, brillante y preparado que, para poder hacer que nuestros heroes lo vencieran, Zahn tenia que recurrir a una convergencia de eventos cada vez más inverosímiles. Su derrota final, en la que es traicionado por Rukh, estaba predicada en el improbable hecho de la hija de Darth Vader siendo además una reconocida y muy inteligente y atrevida política con considerables capacidades diplomáticas. 

La mejor manera de solucionar estos problemas era la más lógica: haciendo de Thrawn el héroe y protagonista de sus historias.