We don’t trade lives

1. Contest of Champions  

Todo empezó con una idea.

La idea de un crossover, una reunión entre dos o más personajes de distintos títulos, es casi tan vieja como los cómics de superhéroes. El primero data de 1940, cuando Namor, El Submarinero y la Antorcha Humana, el robot que originó ese nombre, se enfrentaron en las páginas de Marvel Mystery Comics #8 de la entonces compañía llamada Timely. Unos meses después, dos compañías de cómics, All-American Comics y National Publications, se unieron para hacer el primer crossover entre compañías y el primer equipo de superhéroes, reuniendo varios de sus personajes en las páginas de All-Star Comics #3 para crear la Justice Society of America. El experimento resultó tan bien que esas dos compañías acabarían fusionándose para crear lo que ahora conocemos como DC Comics.

Fue una idea fantástica; un constructo literario distinto a todo lo que se conocía, y mostrado en esas baratas páginas de cuatro colores. No son un mito, precisamente, sino un conjunto de historias escritas con un propósito definido que se entrelazaban entre ellas sin un final preestablecido. La idea del Universo Compartido es una de las razones por la que los universos superhéroes, tan gloriosos en su complejidad estética, permanecen en los corazones de millones de fans alrededor del mundo.

El Universo Compartido no solo es una herramienta para un sinfín de historias, de relaciones interpersonales y de encuentros que a nosotros como fans nos llena la imaginación; permiten además usar la escala de amenazas como recurso narrativo. Un superhéroe puede bien él solo derrotar a sus enemigos, pero tal vez necesita ayuda de alguien más para salvar una ciudad. Y si la amenaza es hacia el mundo entero, para eso están los grupos, como la Justice League o Avengers, basados en ese mismo precepto de existencia común.

A inicios de la década de los 80s, se llevó esa idea a su lógico desenlace: qué tal si en vez de usar a 7 y 8 personajes, se usan a todos. Para una historia así, en la que aparecen docenas de héroes, la amenaza no puede ser local; tiene que ser cósmica, no con el futuro de Nueva York o la Tierra en juego, sino todo el universo, el espacio-tiempo o la realidad misma. Tenía que ser un Evento. Aunque ya había habido un par de historias que reunían a muchos héroes, en general la que se le reconoce como el primer Evento de Crossover es Secret Wars, de Marvel, en 1984. Una historia escrita por el entonces editor en jefe de la compañía Jim Shooter y basada parcialmente en una línea de juguetes. Secret Wars cumplía todos los requisitos de un Evento moderno: su amenaza, The Beyonder, era un ser omnipotente capaz de destruir todo el universo. Como protagonistas, tendría a la mayoría de los personajes más importantes de los títulos del momento. La historia tendría impacto en cada uno de los títulos regulares de los personajes, introduciendo cambios radicales en algunos casos. Eso último es importante, porque uno de los conceptos esenciales de un Evento es la idea – aunque falsa o ilusoria – de que nada sería igual a partir de ese momento.

El éxito del Evento fue tal que el siguiente año DC Comics reestructuró su universo con Crisis on Infinite Earths, y desde entonces, tanto Marvel como DC tiene uno, o incluso dos, de estos eventos por año.

La calidad intrínseca de esos Eventos tiende a variar mucho, con la mayoría de ellos siendo desechables, pero tomados en conjunto, con su histriónica exacerbada y sus imposibles expectativas, sirven para darle un tapiz y textura orgánica a los universos de superhéroes que son únicas a ellos – completamente imposible de recrear en otro medio.

Hasta hoy.

2. The Thanos Imperative

Thanos, el Titán Loco, apareció por primera vez en las páginas de Iron Man v.1 #55, creado por el escritor Jim Starlin. Como cualquier buen creador de cómics, Starlin le tenía respeto y admiración a Jack “El Rey de los Cómics” Kirby, en ese entonces trabajando para DC creando a su Cuarto Mundo, por lo que decidió “inspirarse” en uno de esos nuevos personajes de Kirby, el Nuevo Dios Metron. Pero fue su editor Roy Thomas quien le sugirió que si se iba a robar uno de esos personajes, se robará al mejor: Darkseid. Starlin estuvo muy poco escribiendo Iron Man, y cuando se movió a Captain Marvel continuó la historia de su Titán: Uno de los Eternals (otra creación del Rey), está obsesionado con conseguir el amor de la Muerte, la versión antropomórfica del concepto que es un personaje de Marvel.

Durante esa primera etapa, Thanos intenta de todo para conseguir su amor no correspondido, incluyendo masacrar su natal Titán e intentar destruir toda la Vía Láctea, y acaba muriendo en el intento. Thanos queda olvidado por unos años hasta que Starlin regresa a Marvel en las páginas de Silver Surfer y Thanos regresa con él. Es la misma Muerte la que lo regresa a la vida y le pide que mate a la mitad del universo para poder restaurar el balance y Thanos, quien en verdad necesita algún tipo de ayuda psicológica que le ayude a salir de esa relación tan destructiva, acepta.

La primera aparición de la Gema del Alma fue en Marvel Premiere #1, de Roy Thomas y Gil Kane, cuando se le es dada a Adam Warlock para ayudarlo a completar una misión (es también la primera vez que se le da a Adam Warlock ese nombre, por cierto) y no se le llama “Gema del Alma” hasta que Starlin toma las riendas de Warlock en Strange Tales #178 y en Warlock #15, Starlin revela que es una de 6 Gemas del Alma y se introduce la idea de que el reunir las 6 le otorga a su portador poderes inconmensurables. Cuando Muerte revive a Thanos y le pide matar a la mitad de los habitantes del universo, es cuando Thanos les da el nombre por el que se les conoce comúnmente: Las Gemas del Infinito.

Después de años de estar planeando esta historia, por fin tiene todos los elementos para crear uno de los Eventos más conocidos de Marvel, la que la mayoría de los fans de cómics conocemos aunque no todos la hayan leído, y la que convirtió a Thanos, las Gemas del Infinito y al exterminio cósmico en elementos inseparables, la misma que Marvel Studios, en un despliegue de osadía y arrogancia mucho mayor que la introducción de Nick Fury en Iron Man prometió al final de Avengers: Infinity Gauntlet.

3. Thanos Quest

Esta lección de historia tuvo dos propósitos: el primero fue elucidar un poco los relativamente oscuros orígenes en los cómics de estos conceptos, y el segundo, mostrar que adaptarlos a otro medio es difícil. Más bien, adaptarlos propiamente lo es; porque es bastante fácil tomar conceptos y personajes clásicos de los cómics, provenientes de las mejores mentes y las mejores historias y hacer un estrepitoso y estruendoso fracaso con ellos. Cuando se decidió casi a último momento el agregar a Thanos en la escena post-creditos de The Avengers, estoy seguro que, una vez pasados los paroxismos de emoción, más de un fan se preguntó si Marvel Studios acababa de expedir un cheque que no tendría posibilidad de pagar. Tenía tres tareas fundamentales que cumplir:

a) Los Elementos Narrativos i.e. Macguffins Cósmicos Por mucho la tarea más fácil de cumplir. Establecer la existencia de las Gemas del Infinito – y renombrarlas como Piedras en lugar de Gemas, el nombre con el que se conocerán desde ahora hasta el fin del universo, incluso en los comics. Estos elementos del guion suelen ser las partes más aburridas e inertes de cualquier historia, y Marvel Studios hizo un trabajo inconsistente con ellas, en algunas ocasiones siendo intrusivas al ritmo y sustancia de las cintas por la cantidad de exposición inútil que requieren. El toque maestro fue el de introducir su historia e importancia en Guardians of the Galaxy, la película de Marvel Studios con la mayor cantidad de resonancia emocional y caracterización.

b) Expandir el alcance Si unir a un soldado de la Segunda Guerra, un millonario en un tanque y un dios Nórdico fue difícil, continuar la expansión lo sería aún más, y Marvel Studios tendría que deshacerse por fin de toda esa ¿vergüenza? que siempre había restringido a los superhéroes en el cine. En un Evento, el destino del Universo entero está en juego, por lo que las películas tendrían que visitar el espacio. Si quieran ampliar los horizontes, la magia tendría que hacer que hacer su aparición al igual que ciudades escondidas africanas. El éxito de Guardians of the Galaxy, Doctor Strange y Black Panther lo hace parecer en retrospectiva como algo fácil y natural pero no hay que olvidar que nunca habíamos visto algo parecido así en la pantalla. Para que un Evento funcionara en la pantalla no era necesario solo conocer a los personajes, sino conocer sus contextos y estar lo suficientemente familiarizadas con ellos para internalizar los sucesos por venir como algo natural y creíble. Tenían que replicar la textura de un universo de superhéroes que incluyera la Tierra (con ciudades mundanas e increíbles), el espacio exterior y las múltiples dimensiones. Una vez que todo eso se conoce, puedes darte a la tarea de hacer lo más inverosímil (como el aventarte una luna en la cabeza) verosímil.

c) Detrás de las mascaras La tercera tarea era la más difícil de todas. Sin importar que la culminación del Marvel Cinematic Universe fuera a usar dos películas de más de dos horas, era imposible que presentara y desarrollara a la mayoría de sus protagonistas, por lo que era esencial que las 18 películas anteriores se encargaran de habernos ya mostrado personajes completamente formados y establecidos. Esta tarea jamás antes realizada incluía la ya perfeccionada formula de introducir personajes por primera vez, pero también tenía en su haber una marcada maestría para jugar con tono y género, además de que en algunas entradas se “deconstruía” el concepto del héroe y el heroísmo con una habilidad similar a la de los mejores escritores de los cómics; esta habilidad para realizar estas examinaciones solo podía ser ejecutada después de establecer un universo en el cine muy similar al de los cómics, que si bien no tenía el mismo tamaño y complejidad, se aproximaba mucho a la menciona gloria estética de los cómics.

Todo esta era necesario tener en su lugar antes de siquiera empezar a ponderar los requerimientos de la película en la que estos elementos tenían que converger.

4. Infinity Gauntlet

Desde su estreno, The Dark Knight de Christopher Nolan ha sido generalmente considerada por los fans la mejor película del genero de superhéroes, pero estos últimos años una película le ha empezado a pisar los talones: Captain America: The Winter Soldier, de Joe y Anthony Russo. Estos dos directores, que tuvieron su inicio dirigiendo comedias para la televisión como Community o Arrested Development, demostraron un talento particular para manejar y navegar las enormes demandas de estas superproducciones. Joss Whedon había quedado roto después de dos peliculas de Avengers, y durante la producción de la tercera película de Captain America Marvel le ofreció a los Russo terminar la tarea de Whedon y llevar la culminación de la búsqueda de Thanos a la pantalla. Para beneplácito de todos, los Russo aceptaron.

La naturaleza episódica del MCU ha llevado a un sinfín de críticos a compararlo con una serie de televisión, pero eso no es precisamente correcto. Las series de televisión necesitan de una uniformidad prácticamente invariable que debe de ser impuesta por el showrunner. Recalcando el punto, lo que tenía que emular Avengers: Infinity War era a un Evento de los cómics, donde un equipo creativo trata de preservar en la medido de los posible todas las caracterizaciones y tonos discordantes – de preferencia con la colaboración de los autores encargados de los personajes que utiliza – mientras formula una historia coherente y entendible. Esto es mucho más difícil de lo que parece.

¿Podrían los hermanos Russo, junto con los escritores veteranos del MCU Christopher Markus y Stephen McFeeley, bajo la tutela del benévolo dictador Kevin Feige, lograr una película a la altura de nuestras enormes expectativas o este esfuerzo de diez años se vendría abajo bajo su propio peso?

5. Call him Death

La razón por la que el MCU tiene un “problema con sus villanos” no es un gran misterio: sus películas han sido hasta ahora sobre sus héroes; son ellos los que tienen el enfoque, la caracterización y en donde recaen los arcos argumentales, y de todos las titánicas tareas que tenía que cumplir Avengers: Infinity War, esta era la más fácil. Con las 18 películas anteriores habiendo hecho el trabajo de examinar a sus héroes, tenía el camino libre para dejarle caer todo el peso argumental a su villano, algo que necesitaba con desesperación porque, desde el punto de vista del MCU, sabíamos poco más de Thanos además de que le gusta estar sentado y su gusto por decorar prendas de vestir.   Lo mejor que pudieron hacer fue ignorar por completo toda la caracterización de Thanos en los cómics. Dejando de lado su estatus como “villano clásico”, Thanos en los cómics es, con todo respeto a sus fans, basura. Toda esa pedantería sobre “fundamentos psicológicos y filosóficos” se traduce a un villano patético y estúpido, cuya grandilocuencia y teatralidad – además de su tendencia a “autosabotearse” – funciona pare reducir cualquier dejo de grandeza o trascendencia que pudiera tener. ¿De qué sirve el heroísmo y sacrificio de los protagonizas para vencer a una amenaza cuando la amenaza no necesita ayuda para ser derrotada?

El Thanos en la película es un personaje complejo y emocional; con matices y una motivación que, desde su punto de vista, hace a sus actos racionales. Una de las múltiples mentiras de los cortos fue el dialogo de Thanos sobre “divertirse”; esa línea no encaja en lo absoluto con el Thanos de la cinta. Thanos en todo momento siente el peso del universo en sus hombros; una desesperación por ser el único Cassandra que sabe lo que será el destino si no se hace algo para corregir el trayecto. Thanos resulta ser la más compleja y resonante colección de pixeles desde el desorden de personalidad de Gollum gracias al trabajo de Josh Brolin, los directores y el sinnúmero de artistas cuyos nombres están en nuestros subconscientes gracias a que ahora Marvel nos obliga a leerlos para ver las escenas post-créditos.

Pero Thanos tiene otro propósito, el que es, ostensiblemente, el propósito mayor de cualquier historia: contestar a la pregunta “¿De qué se trata Avengers: Infinity War”?” Porque, spoilers, si esa pregunta se puede contestar solo resumiendo lo que ocurre en la trama, entonces la historia resulta ser sobre nada en particular.

Cuando el Equipo Creativo (como de ahora en adelante me referiré a Joe y Anthony Russo, Markus y McFeely para no escribir sus nombres una y otra vez) hizo Captain America: The Winter Soldier una examinación del eterno debate entre libertad y seguridad me dio gusto que una película de superhéroes tuviera una temática interesante. Cuando la segunda entrada del Equipo Creativo, Captain America: Civil War, trató de responder a Juvenal (o Alan Moore) sobre quién vigila a los vigilantes, lo vi como una coincidencia. Pero tres veces es un patrón, y para ahora, el patrón establecido de el Equipo Creativo, es que le gusta darle un trasfondo a sus héroes en mallas dándose madrazos. Avengers: Infinity War trata sobre una cuestión crucial en la teoría ética: el Kantianismo vs el Utilitarianismo.

A grandes rasgos, lo que Kant postulaba era que los seres humanos tenemos un valor intrínseco, y por lo tanto, nuestras acciones deben de estar regidas bajo ese precepto. Nuestra individualidad es el origen de todo el valor, por lo tanto, tenemos valor; la imperativa categórica es que no somos medios para un fin, sino el fin mismo.

En contraste, el Utilitarianismo nos dice que nuestras acciones deben de ser regidas acorde al desenlace que produzca la mayor felicidad, por lo que es perfectamente aceptable que nos convirtamos en medios para lograr un bien mayor. Avengers: Infinity War es en su totalidad sobre esa elección.

Desde la primera escena, vemos a Thanos poner a prueba las convicciones morales de los personajes. A Loki le ofrece la primera opción: el Tesseracto, o la vida de su hermano adoptivo. Utilitariamente, es obvio que la vida de Thor palidece ante la masacre que Thanos hará cuando complete el Guantelete Infinito, pero Loki escoge la vida de su hermano (y fallece en el intento, la última variación en su eterno zigzag entre el heroísmo y la villanía le cuesta la vida)

Cap – el Kantiano definitivo – asevera tajantemente que no se intercambian vidas, pero sus compañeros no están siempre de acuerdo. Es notorio que aquellos personajes con una conexión emocional más fuerte con aquellos que tienen que sacrificar (Star-Lord y Scarlet Witch) son los que están más dispuestos a hacerlo.

Esto se ejemplifica de la mejor manera con Thanos, que lleva las consecuencias de su Utilitarianismo aritmético hasta las consecuencias más genocidas: una vez que determina que las únicas opciones existentes en el universo es la destrucción total de la vida, o la reducción de ella a la mitad, está dispuesto a sacrificar incontables vida para maximizar el desenlace positivo utilitario. No solo como una elección abstracta, la película se centra en un conflicto emocional particular: una de las vidas que tiene que tomar para lograr su objetivo es la de Gamora, posiblemente el único ser en el universo que ama. Mientras que este desarrollo es problemático porque es parte de la larga tradición de reducir a personajes femeninos para lograr caracterización masculina, no hay duda de que es temática y emocionalmente resonante.

En este debate, el personaje que, de manera sagaz, elude la necesidad de tomar una posición en este debate es Doctor Strange. En una conversación con Stark, Strange se pone tajantemente del lado del utilitarianismo, declarando que de ninguna manera Thanos obtendría la Piedra que posee, aunque eso le cueste la vida a Stark o a Spider-Man. Al final, decide entregarle la Piedra a Thanos a cambio de la vida de Iron Man, presumiblemente porque fue el único escenario de los 14 millones que vio en el futuro que permite que los planes de Thanos sean detenidos, o revertidos.

6. Galactic Storm

La parte más impactante y emocional de la película es su final, donde lo que podría considerarse la “nueva generación” de los Avengers es disuelta (junto con la mitad de los habitantes del universo) una vez que Thanos ejecuta su fatídico chasquido de dedos. Una valiente manera de terminar la cinta que ha sido llamada, erróneamente, como un cliffhanger arbitrario para dividir lo que en realidad es la mitad de una cinta de 5 horas.

Por definición, un cliffhanger tiene que, bueno, terminar con los protagonistas colgados de un peñasco i.e. en medio de un peligro inminente. Esto no ocurre en la película; lo que ocurre es que los Avengers perdieron, además de que ellos no eran los protagonistas – el protagonista era Thanos. Avengers: Infinity War es una historia completa porque termina el trayecto de su protagonista. Ejemplos de historias incompletas serian Harry Potter and the Deathly Hallows o Kill Bill ya que sus primeras partes no terminan el viaje central de sus protagonistas – ni Harry encuentra las reliquias ni la Novia termina su lista, por su parte, Thanos consigue las Piedras del Infinito, mata a la mitad de la población y se retira a una plácida granja a vivir el resto de sus días.  

Otra prueba de la calidad narrativa de la cinta es cómo se esfuerza porque los riesgos parezcan altos y reales, a pesar de que, como sabemos, todos los personajes disueltos regresarán para la siguiente película, e incluso es posible que algunos – como Gamora o Vision – de los que murieron en situaciones ajenas al chasquido regresen a la vida. Esto es por el empeño puesto en el ritmo – desde el inicio, con las naves de Thanos descendiendo en NY – apocalíptico que tiene la película y el contexto y la situación de las “muertes”. Sabemos que Tom Holland tiene un contrato para dos secuelas de Spider-Man, por lo que es obvio que no es el fin de Peter Parker, pero su muerte es emotiva gracias a la emoción que despliegan Holland y Downey Jr. cuando se dan cuenta de la inminente desaparición. O la muerte de Groot jr., que deja solo a Rocket, quien hacia unas escenas, y en una de las mejores muestras de prefiguración que tiene la película, se había dado cuenta de todo lo que podía perder en esta lucha contra Thanos.

Ninguna historia tiene riesgos reales – las vidas imaginarias de hombres, mujeres y arboles imaginarios son imaginarias, por lo que la veracidad de estos riesgos solo lo son en lo que respecta a la importancia que estas tienen para otros personajes imaginarios y la capacidad de los autores y los actores para transmitir dicha importancia, y en ese sentido, Avengers: Infinity War cumple todos los requisitos dramáticos al respecto.  

7. Contest of Champions II

Aunque una gran parte del trabajo de caracterización ya estaba hecho, era imperativo que Avengers: Infinity War se esforzara por darle su lugar a los personajes dentro de la medida de lo posible.   Aunque todos reciben un momento o una situación para brillar, el tragaluz no les llega a todos de manera igual. Los “Secret Warriors” (o “Equipo Wakanda”) son los que menos atención reciben. De ellos, el que tiene el mejor arco – inconcluso – es Bruce Banner, con la negación de Hulk de regresar después de la paliza propinada por el Titán Loco. La única parte que me decepcionó fue que Captain America no recibió el trato que se merecía, apareciendo demasiado taciturno y hosco en esta entrega – esperando que se corrija en la siguiente, por supuesto.

Los Avengers del espacio fueron mucho mejor usados.

El protagonismo de Robert Downey Jr. es implícito, por lo en Avengers: Infinity War tiene su turno como el policía antes de retirarse que tiene una último trabajo por hacer. Ya que su personaje se refleja en Thanos, es el que tiene más importancia temática para la cinta, pero otros acaban robándole la atención.
Aunque los Russo serán siempre recordados por su trabajo en Marvel, recordemos su inicio en comedias para la televisión, y por qué resultaron tan hábiles en emular el trabajo de James Gunn en lo que respecta a los Guardianes de la Galaxia. De hecho, una de las mejores partes de la cinta es cuando dedica varios minutos – minutos preciados en una cinta con tantas demandas – para una broma que involucra a Drax comiendo que no aporta nada a la narrativa más que ligereza y levedad.
Pero el que se lleva las palmas es Thor. Thor siempre ha sido uno de los personajes menos interesantes en el MCU, y aunque Chris Hemsworth siempre ha hecho un buen trabajo, no había podido sobresalir hasta que Taika Waititi sacó a flote sus considerables talentos para la comedia en Thor: Ragnarok. Avengers: Infinity War le permite además mostrar sus dotes dramáticos; su escena con Rocket en la que recuenta todo lo que ha perdido en los últimos meses es la más poderosa emocionalmente de la película gracias a su discreta y moderada interpretación.

Todo el team-up de Thor con los Guardianes de la Galaxia resultó ser la más agradable sorpresa de la película, y sorprende por la naturalidad orgánica del encuentro que, en retrospectiva, debía ser obvia pero a simple vista distaba mucho de serlo. Los Russo, como Gunn, demuestran que el mejor humor lleva consigo una capa de caracterización; el ver a Star-Lord imitar y enojarse ante la reacción de su equipo con Thor no solo es muy gracioso, sino que revela lo inseguro que es el personaje.
Mucho más predecible – hasta inevitable – fue el par Iron Man/ Doctor Strange. Arrogantes e intransigentes, estos dos estaban hechos para tener un encuentro desde que el segundo se introdujo al MCU hace un par de años, y el encuentro no decepciona. A pesar de que Iron Man (y Robert Downey Jr.) son grandes estrellas, Doctor Strange no es disminuido y se pone a su nivel en todo momento.

8. Infinity War

Por lo general, cuando se dice que una película “es para los fans, no para los críticos” se está diciendo en realidad que es una basura deficiente que jamás pasaría los estándares mínimos que se le piden a una película, pero Avengers: Infinity War es la primera que en verdad se puede aplicar lo primero sin implicar lo segundo. Por más que lo intento, soy incapaz de juzgar la cinta como juzgo a cualquier película porque no puedo desasociarme de los diez años que he sido fan del universo cinematográfico de Marvel y las otras tantas décadas que he sido fan de los cómics.

Puedo decir que, superficialmente, cumple con aplomo los requisitos de una buena película: un guion respetable, buenos actores y una narrativa coherente. Pero no puedo decir si llega a ser más allá de una buena película desde un punto de vista cinematográfico.  

Entonces, ¿por qué queda la sensación de que valió la pena cada maldito segundo de estos diez años de ver películas de Marvel? La respuesta es porque Avengers: Infinity War, más que cualquier otra película de superhéroes, refleja a la perfección lo que es la narrativa de un cómic de superhéroes. Ver Avengers: Infinity War es el equivalente a sumergirte en estos amados universos con décadas de historia y docenas de personajes y perderte en historias atemporales de valentía y heroísmo.

Es lo mejor de leer cómics: su despampanante acción, limitada solo por la creatividad de los artistas; la presencia en toda su majestuosidad del ‘Mundo Secundario’ al que pertenecen; y la familiaridad con las vidas ficticias de estos personajes que los hacen ‘reales’. No es un substituto ni un facsímil barato (como el que DC y Warner nos quiso vender) sino una recreación real y adyacente que no pretende suplantar al objeto original, sino que lo complementa en nuestras imaginaciones. Emoción. Carácter. Historia. Eso es lo que tiene Avengers: Infinity War en grandes cantidades, porque algunas veces menos es más y otras más es solo más; pero en este caso, más es la gloria de los superhéroes en el cine: es la gran Opera Wagneriana via Lee-Kirby que se nos había prometido por décadas y que ningún otro estudio tenía la capacidad de llevar a la pantalla.  

9. We’re in the Endgame

A pesar de que es una historia completa, no es el fin del camino. Quedan varios cabos sueltos, Además, ¿qué propósito tiene poner a los héroes en su punto más bajo si no los vas a llevar a sus más grandes alturas? Una promesa cumplida.