
II. Speeding Bullets
Los fans del género reconocen el nombre de James Gunn de inmediato, al ser el autor de la querida y valorada trilogía de Guardians of the Galaxy para Marvel Studios. La historia que lo llevó primero a realizar The Suicide Squad y luego convertirse en el co-director de DC Studios es larga y bizantina, pero aquí lo importante es que su sello característico es el humor acentuado con musica seleccionada de manera impecable, lo que le dieron esa impresión única a sus películas. Pero lo más importante es que Gunn tiene una capacidad precisa para encontrar la humanidad en estos personajes de caricatura, mientras que los enfrenta a conflictos internos que desafían sus identidades, y externos, que muestran el color del genero de superheroes — “To give a shit”, como su protagonista Starlord lo pondría antes de que él y su equipo se enfrenten a la amenaza destruye-planetas del macguffin en turno en el primer “volumen” de Guardians of the Galaxy.
Caracterizar su trabajo como “seguro” porque “apela a los críticos con sus películas chistocitas” traiciona una lamentable falta de visión. Es junto con Christopher Nolan uno de los directores más arriesgados del genero de superhéroes en el cine, un genero que casi por definición tiende a ser seguro y estable, todos siguiendo la pauta que Donner estableció en Superman, donde la seriedad tiene que estar presente pero no tan seria como para que el publico olvide que son personajes en mallas, y el ridícula tiene que ser moderado, para no alienar a la audiencia. Nolan trató la ridiculez con toda la seriedad del mundo.
James Gunn, por su parte, trata a la seriedad con toda la ridiculez necesaria. “Pónganle una ametralladora a ese mapache”, dice.
O en este caso, una capa al perro volador.




