El miércoles pasado DC Comics lanzó al mercado DC Universe: Rebirth #1. Para entonces, ya todo el internet sabía de qué se trataba, gracias a la magia de los scans y a las personas que no les importa comunicar spoilers. Todo el numero trata sobre Wally West, el pelirrojo, no el afroamericano, que se encuentra atrapado fuera del universo y que busca desesperadamente una conexión para escapar su situación. Wally logra hacerlo gracias a que su tio/mentor Barry Allen recuerda su existencia, y con un tierno abrazo, Wally queda reestablecido en la continuidad.

Wally llevaba años sin aparecer en un cómic de DC porque después de la última limpieza de continuidad, Flashpoint, que llevó al llamado “New 52”, el personaje no había existido. Su reincorporación es notable por sí misma, pero la verdadera relevancia de DC Universe: Rebirth #1 proviene del motivo de su desaparición: fue arrancado de la continuidad mientras la realidad se estaba ajustando, junto con muchos otros elementos, por un personaje que siempre había estado fuera de los edictos editoriales que componen el universo DC: Doctor Manhattan.

La razón por la que DC Universe: Rebirth #1 fue llamado “uno de los cómics más controversiales de DC” por su escritor es esa: Watchmen es ahora parte oficial de la continuidad de DC.

Como estoy seguro que todos saben, Watchmen es una serie escrita por aquel de la barba magnifica, Alan Moore, con dibujo de Dave Gibbons. Es una de las obras más importantes en la historia de los cómics, alabada a niveles incluso exagerados, ganadora de premios, y que incluso figuró en la lista de las 100 mejores novelas del siglo XX de la revista TIME. No novelas gráficas, sino novelas. Moore usó la deconstruccón, una de las herramientas del postmodernismo literario, para contar una historia que, simplemente, doblegó la narrativa que se acostumbraba dentro de los cómics y la hizo su esclava. También estaba llena de sexo, violencia y personajes de cuestionables moralidades.

El problema es que nadie entendió que una deconstrucción no es lo mismo que una destrucción. Es un mero análisis del Texto (en este caso, el Texto no es una obra en particular, sino el género de los superhéroes en su totalidad) ni tiene que ser oscuro, perturbador o violento – Reed Richards usando su intelecto para dominar la humanidad o para crear una utopía son ideas igualmente deconstrutivas – pero eso no fue lo que múltiples autores tomaron de Watchmen. Pensaron que la violencia y la “oscuridad” eran lo que le dieron a Watchmen su éxito y trataron de recrearlo, con pésimos resultados.

La industria de los cómics ha lidiado con la sombra y la influencia de Watchmen de una manera o de otra durante 30 años. El mismo Alan Moore repudió dicha influencia y durante años se dedicó a escribir cómics con un tono completamente distinto, primero en la línea Awesome de Rob Liefeld y subsecuentemente en su propia línea ABC. En esos 30 años, los cómics se dedicaron a substituir “madurez” por “Violencia estúpida” y el resultado no ha sido grato.

El metatexto – que no es más que una palabra para referirse a un texto que hace referencia a otro texto – de DC Universe: Rebirth #1 no puede ser más claro que su propia trama: los cómics de DC son terribles por culpa de la influencia de Watchmen desde el New 52, y probablemente desde antes, pero de ahora en adelante, todo va a cambiar.

Ese es el propósito de DC Universe: Rebirth #1. Como la misma compañía lo dijo: “no es un reboot”. La continuidad no cambia en lo más mínimo. Tenemos de vuelta al Superman pre-New 52 (me gustaría ver cómo resumen su nuevo origen) y a Wally West, pero ese Superman ya estaba en el universo DC desde Convergence, y Titans Hunt ya había dado una explicación dentro de la nueva continuidad que establecía de nuevo una versión de los Teen Titans clásicos.

Fundamentalmente, DC Universe: Rebirth #1 no repara, revierte, cambia ni modificia la continuidad. Es un Manifiesto de Intención.

La barba es la clave

Culpar a Watchmen no es nada nuevo para DC. Grant Morrison lo hizo dos veces. La primera fue haciendo de Zor, el Terrible Costurero del Tiempo de Seven Soldiers, un avatar de Alan Moore. Y la segunda fue cuando hizo lo mismo con Mandrakk en Final Crisis. Ambas historias retrataban la visión de Morrison del oprobio causado por Moore con Watchmen en los cómics y ofrecían una visión alterna, nueva y revitalizada, de cómo debía de ser el Universo DC. Ambos fueron sumariamente ignoradas. Tal vez fue que Morrison tiene una sutileza que pasa desapercibida en las oficinas de DC, y el que le hayan dejado escribir una historia que básicamente repudia de manera simbólica la deplorable manera en la que se ha manejado a Superman en el cine durante su corrida en Action Comics es tal vez una prueba de ello.

Afortunadamente, tienen a Geoff Johns, uno de los escritores más literales y directos que hay en los cómics. La ironía es gruesa; a diferencia de un Modernista clásico como Morrison, Johns es tan postmodernista como Moore, solo que mucho menos talentos, y su oeuvre siempre lo ha reflejado. Su trabajo en más de una ocasión representa una mezcla poco placentera de un escritor de los 70s como Roy Thomas o Marv Wolfman infundado con la violencia superficial de Moore, incluso con el ocasional homenaje como en Infinite Crisis #1:

«Doctor Manhattan me obligó»
Es difícil no recordar Infinite Crisis. Putativamente, Johns tenía la misma intención que la que tiene con DC Universe: Rebirth #1. Y acabó con el primer Superman, el de Earth-2, molido a golpes por uno de los personajes más inocentes del canon. Es todavía más difícil ignorar que al mismo tiempo que prometía un universo DC lleno de emoción y heroísmo, publicaba el ultimo número de su desagradable y repelente The Darkseid War en Justice League.
Pero el problema con DC Universe: Rebirth #1 no es que no es la primera vez que DC rechaza la influencia de Alan Moore, que no es la primera vez que rechaza la prevalencia de la violencia y el Grim and Gritty y que no es la primera vez que su escritor promete un cambio radical en la estética del universo DC.

El problema es que culpa de la situación a algo que no la tenía.

Porque la verdad dudo que alguien alguna vez haya tomado un comic de DC de los últimos 5 años y haya pensado “Sí, esto es malo porque tiene DEMASIADO WATCHMEN

La situación de DC es causada por una combinación de problemas sistémicos y de ejecución que son totalmente ajenos a Watchmen.

Hace unos años, Dan DiDio enunció de manera accidental el problema. El equipo creativo de Batwoman anunció su abrupta salida del titulo porque la editorial les prohibió que el personaje principal se casara con su prometida. DiDio dio la razón:

“Tim Drake, Barbara Gordon, and Kathy Kane — it’s wonderful that they try to establish personal lives, but it’s also just as important that they put it aside as they know what they are accomplishing as the hero takes precedence over everything else. That is our mandate, that is our edict, that is our stand with our characters”

En su momento, estoy seguro que muchos pensamos que eran puras tonterías para esconder el hecho que, en ese momento en particular, no querían lidiar con la controversia de publicar un cómic con un matrimonio gay. El tiempo y la retrospectiva nos enseñó que estábamos equivocados: la posición editorial era precisamente esa. No es una coincidencia que todas las relaciones interpersonales de los héroes de DC fueron erradicadas o destruidas en una vana y pedestre conflagración de la falta de vida personal con heroísmo.

Flashpoint destruyó más de 70 años de continuidad. La continuidad es el elemento más hermoso que tienen los universos de cómics de superhéroes de Marvel y DC. No hay nada en ningún otro medio que se asemeje en escala y complejidad. La creación de una Mitología moderna que desafía las convencionalidades por su estética tan sui generis. Marvel, en su enorme sabiduría, la acepta y la nutre (incluso en aquello que se supone debe de destruirla, como Secret Wars) mientras que DC prefiere erradicarla, siempre culpándola de las bajas ventas y la poca aceptación.

Noticia de última hora para DC: las bajas ventas y el desdén no son resultados de la continuidad. Son resultados de que sus cómics son terribles.

Aún peor de la perdido del contexto gracias a la destrucción de la continuidad en Flashpoint, fue el terrible trabajo en la reconstrucción del mismo en los siguientes años. El Universo DC, tan vibrante y lleno de vida; de historia, fue reducido a un lugar frio y estéril porque Dan DiDio tiene una idea completamente idiota de lo que significa ser héroe. Los legados, las relaciones sentimentales y familiares, fueron erradicados para perseguir una idea infantil.

Nadie puede decir que eso es culpa de Watchmen. Moore y Gibbons crearon un universo mucho más plenamente realizado en 12 números que las docenas de escritores y dibujantes en los múltiples títulos por mes de DC de los últimos 5 años.

Crédito a Johns cuando se lo merece: aunque DC Universe: Rebirth #1 diagnostica al culpable de la situación de manera asombrosamente errónea, diagnostica con efectividad el problema y se levanta las mangas para solucionarlo. Por eso el cómic ha sido tan alabado, porque por primera en 5 años se siente como un cómic genuinamente de DC. Y a pesar de que Johns es pésimo reimaginando conceptos (Véase: todo lo que ha hecho en el New 52, Batman Earth One) y es tan culpable de perpetuar el Grim and Gritty como cualquiera, es uno de los mejores “mecánicos” que hay en los cómics. Así como arregló a Hal Jordan en Green Lantern: Rebirth, está tratando de arreglar al universo DC y el resultado fue bastante efectivo. El encuentro entre Barry y Wally tiene una carga emocional subyacente que era inexistente en cualquier otro comic reciente de DC.

Johns no es un escritor de ideas, Johns es un escritor de ideas basadas en las ideas de otros autores, y en particular cuando ese otro autor es Alan Moore el resultado llega a ser bueno. Moore hizo exactamente dos historias cortas de Green Lantern en su carrera y Johns las explotó por diez años. Sus obsesiones como autor se centran en un amor por la continuidad, y en la violencia. No es una coincidencia que su trabajo post New 52 haya resultado tan repulsivo si por edicto editorial se le prohibió lo primero y no le quedo más alternativa que basarse en lo segundo.

Eso es lo que balancea el cinismo que se puede tener como respuesta a DC Universe: Rebirth #1 con optimismo: si fuera sólo Geoff Johns jurando que no habría más violencia en los cómics seria ofensivo por la credulidad que se espera del público, pero si es Geoff Johns prometiendo que habrá un regreso al legado, a la caracterización y al ethos de continuidad (en espritu si no en letra) entonces hay motivos para sentirse optimista, porque esa son las bases sobre las que DC ha construido su universo por décadas.

Claro, incluso si DC Universe: Rebirth #1 soluciona los problemas de identidad del DCU, es sólo la mitad del problema. La otra mitad es, a riesgo de recalcar lo obvio, es que sus cómics sean buenos. Un cómic puede garantizar un cambio en la intención y el mandato editorial, pero no puede garantizar que se contraten buenos escritores para realizar dicho mandato. En los próximos meses veremos si este cambio de dirección realmente se materializa en cómics de mejor calidad.

¿Y Watchmen? Watchmen sigue estando ahí. Ha habido menos quejas desde la última vez que hubo un martirio masivo porque DC está explotando la propiedad más sagrada de los cómics. Imagino que ya nos dimos cuenta que si una estúpida película y una mediocre serie de miniseries no han mancillado el nombre de Watchmen, nada lo hará.

Admítanlo, todos queremos Batman vs Rorschach
–Héctor