Oh, I’m not gonna kill you… I’m just gonna hurt you really, really bad.

Después de un terrible inicio con Man of Steel, y de una todavía más terrible entrega en Batman v Superman: Dawn of Justice (ambas del visionario director Sir Zackarias V Snyder) DC Comics y Warner Bros. pusieron sus esperanzas en David Ayer, el escritor detrás de Training Day y de la reciente cinta sobre cómo la guerra es bien terrible pero al mismo fantástica, Fury. Ayer bien podría habernos dado simplemente “Mopey Avengers go to Hot Topic”, como la describió el comediante Stephen Colbert, pero fue un paso más allá y nos dio lo que posiblemente es la primera joya de cinema avant-garde del genero de superhéroes.

¿Qué es Avant-garde? Es el nombre que se le da al cine experimental, que juega con las convencionalidades del cine y su gramática y lenguaje y las desafía. Mucho de este surge en el siglo XX gracias al trabajo de D.W. Griffith en los EEUU y Sergei Eisenstein en la Unión Soviética, y después Orson Welles con Citizen Kane codificaría la manera “correcta” de hacer cine. El cinema de vanguardia rechaza estas normas y tradiciones y las sustituye por idiosincrasias propias. La única manera en la que se puede descifrar Suicide Squad es mediante este iconoclasta lente.

Por ejemplo, en L’Année dernière à Marienbad, el director Alain Resnais rechaza por completo la linealidad en la narrativa, componiendo una película solamente mediante escenas, imágenes y sensaciones que son casi imposibles de describir de manera exacta. De igual manera, David Ayer abjura la tradicional y proverbial estructura de 3 o 5 actos, trayéndonos un filme que básicamente no tiene ningún tipo de estructuración narrativa. Ayer inicia la película en la prisión Belle Reve, en los pantanos de Luisiana, donde sólo mandan a lo peor de lo peor como prólogo para introducir a algunos de los personajes, y justo cuando pensamos que va a iniciar la película, nos receta otro prologo más, cargado de incesante y tediosa exposición.

Una vez que termina la exposición, Ayer capazmente plantea lo que mueve la cinta: el plan de Enchantress para eliminar toda la vida en el planeta porque la gente ya no la adora a ella y a su hermano como dioses. O algo así. Esta parte, la del plan del pobremente caracterizado villano en turno, es usualmente la más débil en una película de superhéroes; en ocasiones, los cineastas pretenden usar algún tipo de escenario estilo “ticking bomb”, dando a los héroes una fecha límite para detener los malévolos planes del adversario. Ayer eficazmente subvierte las expectativas asegurándose que en ningún momento se llegue a crear algún tipo de tensión o dramatismo. Este es probablemente el mayor logro de Ayer en Suicide Squad: es una película completamente carente de cualquier tipo de emoción o drama.
 
Otra gran debilidad del genero de superhéroes es cómo las peleas suelen reducirse a lo que son metafóricamente hordas de enemigos sin rostro creadas por CGI. Otros autores más tradicionales, como el equipo creativo de Captain America: Civil War, han preferido tomar la ruta más fácil y hacen que, por debajo del obligatorio espectáculo, el conflicto sea lo más íntimo y personal posible; Ayer no, Ayer sabiamente nos da lo que son literales hordas de enemigos sin rostro creadas por CGI.

Esa es difícilmente la única muestra de la genialidad de Suicide Squad. Como Lars Von Trier en Dogville, donde el director se deshace de todos los artífices que componen el usual set de una cinta (destruyendo no sólo la Cuarta Pared, sino todas las demás) para, paradójicamente, sumergirnos en la experiencia de los conflictos de los personajes, Ayer despoja a todos los personajes de casi cualquier tipo de dimensión para reducirlos a su mera esencia como estereotipos. Uno podría encontrar ofensivo que el caníbal violento sea gratuitamente revelado como afroamericano (o como el único caucásico que ve Black Entertainment Television) o que la asiática experta en artes marciales tenga una única relación personal con su espada cuando no está al servicio de su hombre blanco; o que Ayer haya decidido cambiar el origen de Chato Santana para que incluya un elemento de violencia doméstica, pero eso es perder el punto completamente porque Suicide Squad es daltónica en el tratamiento de sus personajes y no los distingue por color de piel de nacionalidad – Captain Boomerang es todo un estereotipo ambulante y Rick Flag, que ya que es un patriota soldado debió de haber sido caracterizado como un ejemplo a seguir, es un completo inútil llorón que necesita un psiquiatra igual que los demás miembros del equipo por sus problemas de codependencia.

Hablando de codependencia, dentro de los personajes hay que mencionar a Harley Quinn, interpretada por Margot Robbie, quien junto con Will Smith son las dos únicas partes de la película en las que Ayer se despoja temporalmente de su cinemática vanguardista para darnos dos roles de calidad tradicional. No porque estén bien escritos, Ayer se mantiene constante en eso, sino porque al menos son interpretados por dos actores naturalmente carismáticos.

Aunque claro, el que Suicide Squad tenga ganadores de premios en sus filas no significa que Ayer se va a despojar de su visión completamente, como vemos con Jared Leto y Viola Davis. Leto nos da su tan esperada versión de The Joker, el enemigo por excelencia de Batman, y uno de los villanos de los cómics que más pedigrí tienen en el cine y la televisión, gracias a que ha sido interpretado por actores muy talentosos. Cesar Romero, Jack Nicholson, Mark Hamill y Heath Ledger son los más reconocidos, y todos ellos le han imprimido su sello característico al personaje, haciéndolo memorable de distintas formas. Leto hace lo mismo, dándonos el Joker menos memorable de la historia; no es malo, o bueno.. simplemente está ahí. Lo memorable de su Joker está en lo poco memorable y pedestre que es, demostrando una vez más lo brillante que es Suicide Squad para subvertir expectativas, como pasa también con Viola Davis. Lo que en teoría sonaba como una de las elecciones más perfectas en una película de superhéroes gracias a que Davis encarna esa resolución absoluta en cara a la adversidad que caracteriza a Amanda Waller, Suicide Squad priefere darnos más bien una especie de sonambulismo pasivo. Otra elección sui generis.
Como L’Avventura de Antonini, Suicide Squad está llena de escenas que no avanzan la trama en lo más mínimo, pero que sirven para crear la estética de la cinta, como vemos con toda la subtrama de Joker. Es refrescante ver una película a la que simplemente no le importa que una subtrama no informe, desemboque o tenga repercusiones importantes en la trama principal. El breve encuentro del Joker de Leto con nuestros antihéroes no sirve para absolutamente nada más que para ocupar tiempo en la pantalla.

Sin embargo, el mayor logro radica en cómo Ayer translada a la pantalla el ethos de Suicide Squad. La faceta del equipo que vemos en pantalla – criminales forzados por el gobierno a realizar misiones peligrosas – fue creada por John Ostrander y duró 66 números a finales de la década de los 80s. Es mi firme creencia que sólo existen dos tipos de personas en este mundo: los que son fans del Suicide Squad de Ostrander, y los que no lo han leído. Lo que hizo Ostrander fue tomar villanos olvidados de los cómics, dotarlos de complejidad narrativa y usarlos para contar historias fantásticas pero que comentaban – a distintos niveles metafóricos – sobre situaciones del mundo real. En lo que es posiblemente el mayor desafío de todos, el Suicide Squad de Ayer invierte esta relación, despojando a todos sus personajes de cualquier complejidad para dejarlos en su estado Pre-Ostrander y asegurándose que su película no diga nada sobre nada.

(A menos que se quiera argumentar que, dado lo incompetente que es Waller y cómo todo es su culpa, y lo terrible que es Flag como comandante, el verdadero tema de Suicide Squad es que es una parábola en contra del complejo militar-industrial. Si alguien quiere hacer ese argumento, soy todo oídos)

Yo sé lo que están pensando: “Vaya, esto suena como una película realmente horrible” y están 100% en lo correcto. Y todavía ni he mencionado como Cara Delevingne intenta hacer pasar convulsiones epilépticas como actuación amenazante. O cómo la película muestra golpear mujeres en la cara como el punto más alto de la hilaridad. O por qué Incubus siquiera existe como personaje en la película, cuando es una de las tantas cosas que no sirven para nada. O muchas cosas.

¿Entonces por qué tenía que describirla como si David Ayer fuera un cineasta europeo que hace cintas en blanco y negro? Porque tenía que encontrar una razón para describir de alguna manera el hecho de que pasé un buen rato viendo Suicide Squad. Y la verdadera razón es muy, muy deprimente:

Soy fan de DC Comics, y esto es lo mejor a lo que podemos aspirar en el 2016.

Es bastante triste. Gracias a que la siempre perenne Rotten Tomatoes nos alertó sobre la calidad de esta cinta, las expectativas no podían haber sido más bajas. Algunos la ponían al fondo del barril, junto con la reciente adaptación de Fantastic Four o Batman v Superman, y aunque no podría decir con toda honestidad que Suicide Squad es una mejor película que esas dos, sí puedo decir que es una adaptación mucho mejor.
Claro, podemos decir que la película le roba todos los matices que hacían al Suicide Squad de John Ostrander, una de las mejores series que se han hecho en los cómics, pero también podemos decir que, a diferencia de Fantastic Four o Batman v Superman, los personajes que vemos en pantalla son reconocibles como sus versiones en los cómics, aunque en forma diluida y desangelado.

Estoy al tanto de todo lo que se ha dicho de los eventos que ocurrieron en la post-producción. Que Warner Bros. decidió contratar a la compañía que editó el corto que todo el mundo amó para que creara una versión de la película y que luego comisionó días extras de filmación para que Ayer de alguna manera creara una versión que incorporara su visión y la de la compañía. Sé que hay muchas escenas que no fueron incluidas del Joker, incluyendo una que vimos en el corto en el que se ve que tiene la cara lastimada y que tal vez hubiera servido para que toda su subtrama no fuera una pérdida de tiempo.

Pero esa no fue la película que yo, y miles de fans, vimos en el cine. Ayer se ha mantenido firme en su defensa de esta versión, pero no sería descabellado que en un futuro veamos un corte del director de Suicide Squad. Incluso ahora ya se estableció la narrativa de Warner Bros. siendo un monstruo terrible que lo único que hace es arruinar películas que en su concepción original era pura genialidad.

Al parecer, no hay límites para las concesiones que los fans están dispuestos a hacer en lo que concierne a los personajes de DC en la pantalla. “Yes, puddin’ sell me that new version of the movie I just saw

Estamos dispuestos a aceptar un subproducto como Suicide Squad porque, al menos, no resuelve el conflicto central que mueve la trama de la manera más estúpida e infantil posible, aunque eso signifique que la película no tenga conflicto central. Las mejores partes de la película – el uso de la música, el humor – funcionan porque recuerdan a cómo fueron usados en Guardians of the Galaxy, esencialmente la misma película, pero muchísimo mejor realizada.

La mejor analogía que he visto sobre las cintas de DC, en una de las tantas (y completamente merecidas) criticas que se le han hecho a Suicide Squad es que, mientras las películas de Marvel ofrecen la verdadera versión, las de DC básicamente son la marca de la tienda. Ustedes las conocen. Son los refrescos que no son de marca reconocida. Aquellos de sabor tenue y poca efervescencia.

Ojalá algún día Warner Bros. nos de Coca-Cola otra vez.

–Héctor