Our very strength incites challenge. Challenge incites conflict. And conflict… breeds catastrophe

Captain America: Civil War es un filme muy esperado que se basa muy ligeramente en un comic del 2006, escrito por Mark Millar, en el cual vemos cómo la tragedia golpea a Stamford, Connecticut, mientras los nuevos New Warriors están grabando su reality show y provocan la muerte de 600 personas. Tony Stark reúne a los más inteligentes y poderosos: Reed Richards, Hank Pym y él mismo, como la cara de los superhéroes registrados contra los que no se quieran registrar, o sea, los superhéroes urbanos, encabezados por el Capitán América.

Si somos quisquillosos, los motivos para toda esta pelea se tuvieron que explicar, a lo largo de los meses que siguieron, en comics fuera de la serie principal, mayormente en Civil War: Frontline, de donde viene la infame escena donde una reportera que creía ciegamente en el Cap, al verlo recluido y derrotado, le reclama a gritos que no sabe ni qué es Facebook. Se tuvo que hacer esto retroactivamente porque no había manera racional de justificar que Tony Stark se volviera el mayor supervillano de Marvel, no con los elementos que había dado Millar.

En Captain America: Civil War, Tony encuentra catalizadores que aceleran la obligatoria Guerra Civil. Los directores, los hermanos Russo, encuentran maneras ingeniosas de aprovechar la exposición de los nuevos personajes para acrecentar la animosidad entre los superhéroes. Todo el confrontamiento no proviene de un solo incidente, sino que el General Ross les presenta los terribles conflictos (omitiendo el de Wakanda) y les ofrece un escrutinio de las Naciones Unidas, no del Congreso de los Estados Unidos. La presencia de Black Panther (Chadwick Boseman) proporciona un punto de ruptura para que haya una persecución mundial del Winter Soldier (Sebastian Stan), lo que hace que Steve Rogers (Chris Evans) tome un bando y busque evadir el registro para que no lo manden a hacer cosas en las que él no cree.

Tony encuentra la misma culpabilidad en forma de mujer, en el comic como Miriam Sharpe, y en la película, como la madre de un estudiante que visitaba Sokovia. Sólo que no se dedica a construir superprisiones (ya alguien más construyó The Raft, la famosa isla prisión en Ryker’s Island que apenas aquí hace su primera aparición), ni tampoco crea clones de Thor, ni causa que un amigo suyo muera (bueno, casi, pero no les voy a arruinar la escena, de todos modos ya la vieron en el corto). Lo que sí hace es encerrar en The Raft a varios superhéroes, después de escenas intensas de acción… la verdad es que cada vez se sienten los golpes más duros, y no sólo por realistas, sino porque cada trancazo lleva tristeza de hermanos:

Natasha Romanoff: Are we still friends?
Clint Barton: That depends on how hard you hit me.

Hemos conocido a estos personajes durante ocho años, y el golpe final que desata la guerra personal entre tres personajes (de nuevo, ya lo vieron ustedes en el corto) es demasiado fuerte para relatarlo aquí. De nuevo, tiene precedente en los comics, allá es con Wolverine pero aquí no se puede, este mutante canadiense sigue perteneciendo a alguien más.

Siempre he tenido la idea de que es obligación de un director que integre algo a la trama que alguien que lleva cuarenta años leyendo comics encuentre innovador. Por eso se le perdonan los lanzatelarañas orgánicos a Sam Raimi. Aquí, los hermanos Russo encuentran un modo alterno de disipar si hubo un ganador. En los comics, el claro ganador fue Tony Stark, recibiendo el mando entero de S.H.I.E.L.D. y el perdón de Miriam Sharpe, mandando a los que no le caían bien, como Daredevil, a la cárcel y dividiendo a la Primera Familia de Marvel, los Cuatro Fantásticos. En cambio en la película, bueno… tendrán que verlo, pero fue más satisfaciente.

Sí, no puedo terminar sin mencionar el casting de Tom Holland como perfecto: Su Spider-Man es el primer adolescente en portar el traje, su voz, su actitud y sus movimientos nos emocionan, divierten y dan pena ajena al mismo tiempo. Me recordó mucho al traje todo goofball de Nicholas Hammond en la serie de los setentas para la televisión. Pese a que el traje de Andrew Garfield en Amazing Spider-Man 2 fue estéticamente perfecto, éste lo actualiza de maneras bien sabrosas y no le quita nada de mérito al original: su modo de pelear en el aire es lo más parecido a un comic que existe.

Como paquete, la película cumple: La música es clásica y hasta cierto punto antigua, la actuación del padre de Tony, quien no creí que repitiera el papel y debo contradecir lo que escribí en mi reseña de Iron Man (2008), es justa para un rol decisivo en la vida del antagonista principal de este filme y contrario a lo que escribí en mi reseña de Iron Man 2 (2010), la Fundación Maria Stark sí existe.

El objetivo de los Russo era divertirnos. El nuestro también. Misión cumplida, y con creces. Yo le doy un 10 de 10 en el Botesómetr… eh, no, olvídenlo. Junto con Guardians of the Galaxy (2014), mi película Marvel favorita.

-The Starkiller.

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