No es común que una película de Pixar, que no sea secuela de alguna que ya hayan hecho, despierte tanto interés en nuestro país. Este fue el caso de Coco, una cinta que por su temática, llamaría la atención del público mexicano desde que fuera anunciada.
 
Para los bien entendidos, Pixar ya es un sello de calidad que muy pocas veces llega a decepcionar. Personalmente el estándar que manejo para éste estudio es elevado. Tal vez no siempre obtengamos un producto que raye en la perfección pero en la gran mayoría de los casos salgo de la sala del cine con una gran satisfacción en mi ser.
 
Si a esto le sumamos que el argumento era enteramente mexicano, las expectación crecía exponencialmente. Y es que hay que entender una cosa, el Día de Muertos es una de las tradiciones más amadas en el país. Dejando de lado los fanatismos y la absurda confrontación con el Halloween (y dependiendo también del arraigo de dicha tradición en diferentes estados de la república), ésta festividad reúne varios factores que la idiosincrasia mexicana tiene en alta estima: la familia y la añoranza por los seres queridos que se han adelantado en el viaje y claro, aspectos característicos como el colorido, la fiesta y la comida.
 
Ver representado algo tan propio de nuestro país siempre resulta atractivo (y no, no es apropiación cultural, no sean ridículos) y en este caso resultaba sumamente interesante ver como un estudio del tamaño de Disney-Pixar lo retrataría en la pantalla grande. Los cortos y los avances fotográficos de la película nos mostraban una representación apropiada y respetuosa de nuestra cultura pero caramba, nada nos podía haber preparado para lo que verían nuestros ojos.
 
Coco es una película hermosa, sumamente fiel a la cultura en la que se basa y que llega directamente al corazón.
 
La singular manera de ser del mexicano fue llevada a los cines de una manera enteramente exitosa. El valor que le damos a la familia, el respeto a las tradiciones, el gusto por la música, tantos elementos tan particulares que la mayoría vemos y vivimos día a día y ver la estampa de todo eso en una película animada que hay que decirlo, visualmente es gloriosa, nos deja con una sonrisa de oreja a oreja y riendo alegremente.
 
Todo esto aderezado de manera magnífica con la temática que nos atañe: el Día de Muertos. La forma en la que vimos plasmada en la pantalla nuestra querida tradición fue simplemente perfecta. Todo el colorido y la vida que, irónicamente, ponemos en ésta festividad fue tratada con profundo respeto y altamente fiel así como el modo en el que recordamos y honramos a nuestros amados difuntos. Sin embargo lo bueno estaba apenas por venir.
 
El viaje de nuestro protagonista, Miguel, al mundo de los muertos es simplemente fantástico. No creo que a alguien se le hubiera ocurrido una manera más perfecta de representar el más allá mexicanizado. La estética del mundo y de los personajes que ya pasaron al otro lado es asombrosa y se disfruta de cada instante que pasamos sumidos dentro de ese mundo tan maravilloso. Los cameos de ilustres mexicanos ya fallecidos están al por mayor y se agradece mucho verlos en pantalla aunque la mayoría sea por muy breves instantes.
 
Todos los aciertos que he enumerado son muchos y merecedores de todos los halagos pero lo verdaderamente poderoso en ésta cinta es su historia. Una historia tan personal, tan profunda, tan bella que te entrega un final tan catártico que no puedes evitar sentirla como propia, tanto que lo más probable (y esto no se cumpliría solo si eres un monstruo sin alma) es que sueltes un par de lagrimitas en el proceso porque realmente abrazas a los personajes y te identificas plenamente con ellos y con las circunstancias que los rodean. Demonios, yo estuve llorando como chiquillo la última media hora; realmente me deshidraté.
 
La trama tiene giros que podemos considerar inesperados, aunque al parecer los ves venir media hora antes pero bueno, mi incapacidad por unir puntos es abrumadora y eso me ayuda mucho a sorprenderme al ver o leer historias. El punto es que el argumento no es tan simple y aunque como siempre, tenemos revelaciones convenientes, no encontramos agujeros en la trama que sean dignos de mencionarse y el desenlace es de los más extraordinarios que recuerde.
 
No me quiero ir sin mencionar la soberbia calidad del doblaje. Todos los personajes contaron con una excelente labor por parte de los actores. Tuvimos montones de famosos mexicanos interpretando papeles pequeños en ésta cinta y todos estuvieron a la altura y que decir de quien dio la vida a Miguel, el pequeño Luis Ángel Gómez Jaramillo se merece todas las palmas, que actuación, que voz. Aplausos por favor.
 
Solo me queda agradecer profundamente a Pixar, a todos los involucrados en la investigación, creación y realización de éste filme, realmente se lucieron. Mientras va pasando el tiempo resulta difícil que una nueva película se posicione como una de las mejores en su género y qué decir de un listado que incluye glorias como Toy Story, Up o Ratatouille entre muchas otras. Gracias a todos los santos tenemos a un estudio que se niega a morir y muy por el contrario se mantiene y nos vuelve a sorprender con una entrega que para mi gusto muy personal, se coloca en la cima del Olimpo. Simplemente la mejor película de Disney/Pixar a la fecha.
 
Es más, dejemos de lado las categorías, Coco es, a la fecha, la mejor película del año. Así como lo oyen…o leen. 5 de 5 rayitos en mi Botesómetro.  Y claro que la adquiriré en versión casera, ojalá saquen una edición muy bonita con calaveras y cempasúchiles porque es una película que debe ser atesorada y recordada de la mejor manera.
 
My two cents.  #BotePower