«-Así es, el mundo está roto. No se puede confiar en nadie»

«-O tal vez está roto porque ustedes no confían en nadie».

Un mundo es azotado por una plaga mundial, mientras las viejas rencillas afloran más que nunca provocando división y enfrentamientos entre los distintos grupos sociales. ¿Suena familiar? Estamos ante la premisa de la cinta animada número 59 de Walt Disney Animation Studios.

Bajo la dirección de Don Hall (Winnie the Pooh, Grandes Héroes) y Carlos López Estrada (mexicano de nacimiento y que debuta en el cine animado con esta cinta), la co-dirección de Paul Briggs (jefe de historia de Frozen y Grandes Héroes) y John Ripa (jefe de historia de Moana), con guión de Adele Lim (Crazy Rich Asians) y Qui Nguyen, y la guía creativa de Jennifer Lee, Raya y el último dragón nos presenta a Raya (Kelly Marie Tran en inglés, Danna Paola en el doblaje latino), una adolescente de 18 años que debe buscar a la mítica dragona Sisu (Awkwafina en inglés, Carla Medina en español) para pedirle que le ayude a restaurar una gema destruida, la cual tiene el poder de destruir a los druuns, una amenaza mágica que transforma a los humanos en estatuas de piedra, y la cual atrapó al padre de Raya seis años atrás.

A lo largo de los últimos años, Disney Animation ha logrado ir consolidando su propia voz creativa dentro del emporio mediático que es Disney como compañía y en la cual convive con otras marcas y estudios con igual renombre e importancia. Por lo tanto, Disney Animation debe lograr un balance que le permita honrar su inmenso y mítico pasado (que incluye desde Blanca Nieves y los siete enanos, Pinocho, La Bella y la Bestia, El Rey León, entre muchas más), a la vez que mantenerse como una fuente creativa con vida propia y que presente narrativas interesantes, emocionantes y agradables a los paladares de la audiencia. Disney Animation, mucho más que Pixar, Marvel y Lucasfilme tiene que buscar lograr este balance.

En ese sentido, es muy impresionante lo que Raya y el último dragón logra, pues es una cinta que presenta elementos y tonos que son reconocibles y que funcionan con la audiencia, a la vez que siguen mejorando sus estructuras narrativas, apostando a una mayor diversidad social tanto en sus temáticas como en sus realizadores, mientras que abordan historias que resuenan con mayor elocuencia en la realidad social que vivimos. Son demasiados elementos en juegos y Raya logra cumplir con eficiencia en todos ellos para entregar una cinta encantadora, emocionante, resonante y divertida.

Lo primero que quiero destacar de la cinta es lo maravilloso que me parece su guion y la manera en que fue construido. A pesar de que intenté sintetizarlo líneas arriba, Raya tiene una historia bastante compleja y con diversos elementos en juego, pues hay un antecedente general sobre el cual parte (que es Kumandra y como se divide en pequeñas naciones), lo que propiamente es la situación detonante del primer acto (la destrucción y esparcimiento de la gema) que finalmente nos conduce a la linea argumental que conduce la película (Raya y Sisu buscando las piezas de la gema). Es una estructura arriesgada pues debe brindarle demasiadas piezas de información al espectador, y en manos menos expertas podría terminar siendo un desastre incomprensible, aburrido o cargado de exposición. Con una maestría sorprendente (en la que contribuyen Lim y Nguyen como guionistas, pero también Hall, López Estrada, Briggs, Ripa, Dean Wellins y Kiel Murray que junto con Lim y Nguyen tienen crédito de historia) logran estructurar e insertar todas estas piezas de información de una manera sencilla, comprensible y funcional para la historia, lo cual hace que cuando las piezas se pongan a correr, la historia se mueva con elegancia y fluidez.

Gracias a esto, cuando nos dirigimos al segundo acto (la búsqueda de las piezas de la gema, donde se introducen cuando menos cuatro personajes secundarios relevantes) y al tercero (la aparente muerte de Sisu y el fin de los tiempos como lo conocemos), la historia se mueve con gran naturalidad y va introduciendo personajes y mundos mientras continua tejiendo la historia que quiere contar para un desenlace emocional donde todas las piezas embonan, todos los hilos se tejen, todos los diálogos y escenas tuvieron una función, y se construye una recompensa emocional para los espectadores que es magistral y poderosa.

Raya y el último dragón es una cinta que explora y reflexiona sobre la confianza como un elemento esencial en las relaciones humanas y especialmente entre los grupos sociales (entendidos como Estados Naciones, pero que realmente puede ser trasladado a cualquier interacción entre conjuntos de personas). Habla sobre como la confianza se construye (a través de la buena fe y de la empatía) y de como se destruye (a través de la discordia, que se alimenta del egoísmo, el miedo y la ambición de posesión).

La confianza es el tópico que mueve la cinta y reflexiona mucho sobre como reconstruirla es un terreno complejo, difícil de caminar y que parece hielo delgado y a punto de romperse, pues el minimo movimiento en falso o dudoso, puede destruir lo que tardó semanas construir. En ese sentido, Raya y el último dragón tiene una reflexión muy acorde con los tiempos sociales en que vivimos, donde la capacidad de dialogo se ha perdido, donde el tribalismo y el miedo a la otredad es más fuerte que nunca y donde el sueño añejo de unidad y concordia entre los seres humanos es reemplazado por un instinto de supervivencia cada vez más acendrado.

Raya emprende un viaje de supervivencia y propósitos quizá no egoístas, pero meramente personales. Ella sólo desea recuperar a su padre, sin que el destino de las cinco naciones (hábilmente bautizadas como Colmillo, Corazón, Cola, Espina y Talón) y sus pueblos le preocupe mucho. En ese sentido, es una princesa (porque Raya es hija del gobernante de Corazón) sin pueblo o interés hacía los demás. Conforme Raya comienza su viaje con Sisu (quien le insiste que necesita confiar en los demás, a pesar de que recibas traiciones en el camino), Raya va conociendo habitantes de cada una de las regiones de la extinta Kumandra con los que va formando aparentes alianzas, que se van lentamente convirtiendo en vínculos de amistad, empatía, afecto y si, confianza.

Lo que Raya y el último dragón reflexiona en ultima instancia es que la confianza es un valor que es indispensable en las relaciones humanas, y que si bien puede irse cultivando lenta y recíprocamente, lo cierto es que también implica en ocasiones un salto de fe al vacío, que quizá nace de la creencia de que los seres humanos son buenos por naturaleza o al menos harán lo correcto, en el debido momento. En este punto el mensaje de la cinta es tremendamente poderoso y se convierte en un remanso de esperanza y energía positiva, en los tiempos actuales que vivimos. Y además lo hace de una manera magistral, mediante un climax muy emotivo, donde el sacrificio heroico, el salto de fe y la esperanza en que las cosas mejoren, se hace presente.

Algo que también está muy bien pensado y rima con toda esta estructura de historia, es que los principales villanos de la trama, los druuns, son una suerte de energías oscuras, que nacen a consecuencia de la discordia humana, es decir, el propio ser humano los generó, con su egoísmo, ambición de posesión y miedo al otro. No es necesario explicar mucho, pero es una metáfora perfecta, de que muchos de los problemas que enfrentamos como sociedad, son consecuencia de nuestro propio actuar, y nuestras relaciones entre grupos humanos, así como con el resto de los seres vivos y ecosistemas.

Pero una gran historia y un profundo mensaje no son nada, si los protagonistas de nuestro viaje no conectan con la audiencia y conquistan su corazón y emociones, y es aquí donde el equipo de Disney Animation recurre a ochenta años de experiencia en la construcción de personajes y ambientes entrañables. Raya (hermosamente interpretada por Kelly Marie Tran) es una poderosa, entrañable, graciosa, y valiente guerrera que lucha en un principio por su familia, para después entender que todos estamos conectados y que lo que una persona hace afecta a otros.

Awkwafina es por mucho quien más brilla en la cinta pues la vida que le imprime a Sisu, la mítica dragona es hermoso. Primero quiero destacar el magnifico trabajo del equipo de desarrollo visual de Disney que creó unos dragones hermosos, llenos de color, vida y sabiduría. Esta concepción de los dragones como seres sabios, bondadosos y mágicos es hermosa, y preferible a cualquier concepto de los dragones como bestiales salvajes y carentes de inteligencia. Pero además de eso, Awkwafina le brinda una vida, energía, inocencia, bondad, y sabiduría a Sisu que la hacen completamente adorable y hermosa. Además de todo, Sisu tiene de los mejores chistes en toda la película y termina arrancando carcajadas y sonrisas (su gag recurrente de la fruta seca y el chiste de los perritos son mis favoritos hasta ahora).

El resto de los personajes también es fantástico. Boun (Izaac Wang) el carismático y talentoso niño empresario, dueño de un bote restaurante es gracioso y tierno. Noi (Thalia Tran), la hermosa y embaucadora bebé ladrona, que junto con sus tres simios realiza crímenes por todos lados, es adorable. Tong (Benedict Wong), el inmenso e imponente guerrero de Espina es un estuche de sorpresas y risas, mientras que Naamari (Gemma Chan), funciona con gran belleza como el contrapunto de Raya, y aparente villana de la cinta. En este sentido, conviene destacar que todos estos personajes, representan historias de familias rotas, destruidas por la plaga que azota Kumandra, y que son los propios lazos que forman entre ellos, los que les regresan aquello que perdieron. Confiar en el otro, en el desconocido, es lo que los sana y les regresa su familia perdida.

Finalmente, es necesario destacar el enorme virtuosismo visual que los equipos de animadores de Disney Animation han logrado al crear Kumandra. Acudiendo a las mejores habilidades heredadas de Ralph, el demoledor, la cinta logra crear cinco ciudades, dispares entre si, con climas y geografías diversas, pero que mantiene una armonía y funcionalidad entre ellas que resulta muy rica y esplendida visualmente. A eso hay que sumar el talento de los directores y co-directores para el montaje de las escenas que nos permite disfrutar tomas llenas de vida, encuadres llenos de acción, contemplación y dramatismo.

Cuando Jennifer Lee fue nombrada Directora Creativa de Disney Animation, tuvo la encomienda de Bob Iger de mantener el nivel creativo y de calidad que el estudio había desarrollado durante la gestión de John Lasseter, su antecesora, a la vez que resolver el problema de diversidad racial y de género que el estudio tenia en su roster creativo y de realizadores. Uno de los primeros pasos de Lee fue contratar y promover a diversos creadores y artistas como directores, uno de ellos fue López Estrada, mexicano de nacimiento, que desde los doce años radica en Estados Unidos. Asimismo, como los propios créditos nos indican, el llamado Story Trust de Disney Animation (el grupo de creativos que retroalimenta todas las producciones), se ha ampliado y diversificado para incluir a más mujeres y personas de diversos orígenes raciales.

La apuesta de Lee, por mantener el nivel de calidad técnica y creativo, a la vez que ampliar el equipo creativo del estudio, permitiendo que nuevas voces, con orígenes, experiencias e historias de vida distintas, le den riqueza narrativa a las producciones del estudio, es de mediano a largo plazo, pero los primeros resultados que tenemos son de palpable éxito, con un equipo creativo comprometido, dedicado y que nos muestra un estudio en continua expansión de su riqueza creativa. Un espíritu vigente casi 98 años de su fundación.

No puedo dejar de pensar en que Raya es el resultado de un rico y productivo trabajo en equipo, donde muchísimas personas intervinieron y aportaron, creando un verdadero espíritu colaborativo y de trabajo. Un equipo de artistas y técnicos de diferente bagaje y especialidad, trabajando unidos para crear esta historia, este mundo y estos personajes. Tal como los propios protagonistas de la cinta.

Raya y el último dragón es una brillante adición al canon de Walt Disney Animation Studios. Una poderosa y emotiva historia que se construye con una solida y eficiente estructura narrativa, personajes encantadores con los que conectas y empatizas, mundos fantásticos, llenos de vida y color, y con una reflexión tremendamente vigente y profundamente esperanzadora. La muestra palpable de un estudio en franca expansión de su riqueza creativa.

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