Lamento no poder acompañarlos en la emoción por este filme.

Bajo la dirección de Todd Phillips (¿Qué pasó ayer?) y guion del propio Phillips con Scott Silver (8 Mile, The Fighter), Joker (Guasón en la nostalgia malsana de algún ejecutivo en Warner Latinoamérica) narra la historia de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un hombre con desorden neurológico que vive en una Gotham City corrompida por el crimen y la pobreza, y que apenas logra sobrevivir y cuidar a su madre con un trabajo de payaso por el que es continuamente acosado y molestado. Cuando a sus manos llega una pistola dada para defenderse, Arthur empezará a descender en una espiral de locura y violencia que lo llevara a convertirse en el símbolo de un movimiento de resistencia y libertad.

Todd Phillips (en un epítome de franca pedantería) ha dicho en los últimos días que su intención con este filme fue ‘infiltrarnos en el sistema de estudio y hacer una %$&$ película real disfrazada de super héroes’, lo cual creo que nos revela todo el bendito problema de la cinta: esta más preocupada en vanagloriarse en sus pretensiones artísticas y estéticas, en demostrarnos una y otra vez que es inteligente y repleta de sentido social y humano, que termina siendo un producto vacío, carente de toda sustancia y que sólo busca impresionar fácilmente al espectador.

La cinta de Phillips está estructurada sobre dos carriles que mueven todo el viaje de Fleck. Por un lado, la enfermedad mental que parece el personaje y por la cual es continuamente atacado, discriminado e ignorado, y por otro lado la efervescencia social que se desata en Gotham cuando Fleck asesina a tres yuppies privilegiados al defenderse de un ataque contra ellos. La primera esta medianamente lograda hasta que el tercer acto la avienta a la basura, mientras que la segunda no tiene ni pies ni cabeza.

El mayor problema con la reflexión social que intenta construir la cinta es que realmente no conduce a ninguna conclusión. Phillips demuestra incompetencia porque en la cinta es visible que el director no tenia idea de que quería decir y sólo termina construyendo el típico cliché discursivo de ricos contra pobres, y la mayoría silenciosa que decide levantarse. Los discursos políticos que en la actualidad tenemos y de los que el director pudo beber para alimentar su crítica social no están presentes en la cinta, y Phillips sólo se revela como un frívolo que lo mejor que puede hacer es darle a Thomas Wayne unas frases huecas de villano ricachón chafa de caricatura. Si esta película tuviera más valentía o cerebro, mostraría que el discurso de las elites gobernantes no es ese.

El abordaje que la cinta realiza sobre la enfermedad mental de Fleck esta relativamente bien llevado aunque la cinta es manipuladora en querer demostrar una y otra vez que la vida es injusta con Arthur. El viaje del personaje esta diseñado de manera artificial para que uno empatice con el, lo cual nos lleva una vez más al punto de que ¿debemos romantizar y sentir simpatía, compasión e incluso admiración por alguien que evidentemente cometió actos repudiables? (no, no lo debemos, y si lo hacen deberían revisar su higiene mental).

El problema es que la cinta hace eso, pues construye dos actos donde de manera realista retrata la enfermedad mental de Arthur y su espiral hacia la locura, buscando la empatía de la audiencia. Luego en el tercer acto, se olvida de eso y decide irse hacia otro lado vanagloriándose estéticamente (poniendo a Fleck a bailar, asesinando a su madre o a quien le dio una pistola mientras suena música alegre o contemplándose sufridamente frente al espejo) mientras nos presenta un pastiche de Jack Nicholson y Cesar Romero, que termina con Fleck haciendo un berrinche con un discurso hueco en televisión y matando el personaje de Robert DeNiro. Se olvida de todo el problema de la salud mental, de todo el realismo y oscuridad y nos avienta un personaje que lanza frases cool pero huecas como ‘mi vida es una comedia’.

Joaquin Phoenix probablemente gane un Oscar pero personalmente no me parece que lo merezca. Cada quien tiene su definición de actuación pero hacer un montón de manerismos, tics y risitas raras no es actuar bien. Obviamente el guion no se lo daba pero sería fantástico que aquellos que juran que vieron el alma del actor y del personaje destruirse y evaporarse a través de la pantalla tuvieran razón y hubiéramos visto eso. Es una actuación construida para impresionar a quienes dan premios, pero que realmente no tiene mucha sustancia y mucho menos alcanza sus pretensiones.

Dos puntos adicionales donde la cinta se mete en problemas que no debería: me molesta demasiado que la cinta promueva que se estigmatice a las personas con enfermedades mentales como potenciales psicópatas con un personaje tan poco construido más allá de manerismos y tics (en ese sentido, el agente del caos que era Ledger era muchísimo mejor personaje y villano y no tuvo necesidad de victimizarse ni vilificar a otros) y es bien molesto el machismo con el que Fleck trata a su vecina Sophie (Zazie Beetz).

Toda la trama de los Wayne no tiene ni pies ni cabeza y demuestra que el director y guionistas o no tuvieron permiso o no tuvieron valentía de hacer lo que realmente querían (mostrar que el papá de Bruce era un desgraciado que se mereció lo que le pasaría).

Durante toda la película no podía dejar de pensar ‘esta ciudad y esta película necesitan a Batman’. La película misma lo reconoce, cuando al final muestra el asesinato de Thomas y Martha Wayne en el callejón del crimen. No porque necesitemos a los super héroes en cualquier historia, sino porque necesitamos el discurso y sentido que estos llegan a tener, ante lo que es un espectáculo frívolo que intenta abordar temas serios que desconoce y para los que no esta preparado y que al final termina engolosinándose y admirándose de si misma, creyendo lo vanguardista, transgresora y artística que es.

Y conociendo a Warner van a querer secuela…

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