At least we can all agree: the third one is always the worst

Aquellos que piensan que Blade fue la película que inició la era moderna de los superhéroes de Marvel en el cine están completamente equivocados; no fue ni superficialmente una película de superhéroes y el nombre de la compañía estuvo tan ausente en la publicidad que hasta el entonces productor Avi Arad se quejó de ello y lo caracterizó de “idiota”. El crédito le corresponde a Bryan Singer y X-Men. Fue posiblemente la primera vez que un director encontró valor en trasladar todo el ethos de un cómic a la pantalla sin atajos. Esa primera película de los X-Men todavía se sostiene como un buen ejemplo del género. Dos años después, Singer se superó a sí mismo, dándonos X2: X-Men United, generalmente reconocida como una de las mejores películas de superhéroes. Diez años después, desafió la idea de que no se puede volver a casa con X-Men: Days of Future Past, una soberbia película que está a la altura de cualquiera de las mejores de Marvel Studios.

Luego nos dio X-Men: Apocalypse.

Hay que dejar claro: X-Men: Apocalypse no es ni miserable ni magnifica; entre las películas de superhéroes del 2016, cada una extraordinaria a su modo, X-Men: Apocalypse es decididamente ordinaria. Incluso entre las integrantes de su franquicia, su mediocridad se impone. No es terrible como X-Men: The Last Stand, y dista mucho de la mencionada X-Men: Days of Future Past.

¿Qué salió mal?

Gran parte del problema viene del villano. Los villanos de las películas de los X-Men, con la obvia excepción, tienden a ser tangenciales. Stryker, Shaw, Trask, etc. son pretextos usados para mover la trama mientras sigue los caminos de conflicto central. Apocalypse no lo es, es una de las partes más importantes del guion y sufre de, bueno, ser una adaptación bastante fiel a los cómics. Como su contraparte de las viñetas, Apocalypse es plano, unidemensional, y con una vasta cantidad de poderes pobremente explicados. Después de demostrar su carisma en Star Wars: The Force Awakens y Ex Machina, pensábamos que Oscar Isaac haría un buen papel como el dictador azul, pero no, su actuación – bajo capas y capas de maquillaje y vestuario – es bastante pobre porque no se le da mucho con qué trabajar. Como es Apocalypse, quiere matar a los “débiles”, pero nunca da una razón particularmente buena para ello. Como mutante, sus poderes están hechos 100% de Plot Magic. Lo que sea que necesite el guion, hace. ¿Aprender todo sobre el mundo moderno tocando una televisión? Listo. ¿Teletransportarse a placer? También. ¿Diseñar nuevos disfraces para sus Jinetes? También puede hacerlo.

Hablando de los Jinetes, no hay una razón verdadera para que siquiera existan. Parece que Apocalypse es una chica mala de prepa estereotípica que necesita tener una cuadrilla de aduladores a los cuales les puede hacer unos makeovers de la cabeza a los pies. Su motto debería de ser “Sólo el fabuloso sobrevive

Psylocke y Archangel neé Angel son completamente inútiles para la trama, la cual ni siquiera se toma la molestia de darles una caracterización. Al menos Psylocke está ahí para darle a los fans de la franquicia la primera vez que hacen un disfraz fiel a los cómics, pero Archangel no tiene ni eso. Por eso cuando muere en la batalla final es completamente intrascendente.

La peor ofensa es Magneto. El quitarle su familia bajo circunstancias trágicas es algo sacado de los cómics, pero aquí cualquier impacto emocional se pierde porque hemos en repetidas ocasiones cómo Magneto pasa de ser un héroe, a un antihéroe a un villano una y otra vez, haciendo de él un personaje infantil y voluble en vez de uno con una compleja caracterización. El que haya accedido al plan de Apocalypse de una manera tan sencilla raya en una traición a su caracterización. Cuando el escritor Chris Claremont lo convirtió en un sobreviviente de Auschwitz, le dio a su personaje una gruesa capa de ironía trágica; en su búsqueda de liberar a las oprimidas masas mutantes el único resultado de sus acciones sería lo mismo que le quitó a su familia, pero el plan de Apocalypse no cuenta con dicha ironía; lo único que quiere es erradicar a los “débiles”. La destrucción de Auschwitz en la película no cuenta con ningún poder metafórico, sino que es totalmente literal: Apocalypse no necesita campos de concentración porque va a matar a todos directamente.

¿Además, por qué necesita Apocalypse de Magneto para sus planes cuando ha demostrado lo poderoso que es? Razones.

En el lado de los X-Men, las cosas son marginalmente mejores. Mystique ya no tiene nada que ver con el personaje de los cómics o de las películas iniciales, y los escritores prefirieron explotar la franquicia que lanzó a Jennifer Lawrence a la fama haciendo de su personaje azul en el universo de los X-Men la versión mutante de Katniss Everdeen: un símbolo de las masas oprimidas, un rol que, al igual que Katniss, Mystique rechaza al principio.

Hey, dos franquicias por el precio de una.

Ni Michael Fassbender ni Jennifer Lawrence parecen particularmente entusiasmados de regresar a sus papeles.

James MacAvoy se desempeña un poco mejor, otra vez como el Profesor Charles Xavier-que-todavía-no-es-el-Profesor X-pero-ahora-sí-al-final-lo-prometemos. Su arco en esta cinta parece ser que tiene que darse cuenta que el mundo no necesita sólo la Xavier School For Gifted Youngsters sino también a los X-Men, que también había sido su arco en las dos anteriores pero detalles. La repetición sólo incrementa la sensación de que estamos frente a una franquicia gastada y repetitiva. Al menos, al final, ya una vez que pierde su cabello gracias a Apocalypse, deja de lado prácticamente toda su personalidad de las tres cintas para convertirse en el Profesor X.

En serio, parece que Poccy está ahí solo para darle cambios de estilo a los personajes.

X-Men: Apocalypse introduce (de nuevo) a Cyclops, Jean Grey y a Nightcrawler. Sophie Turner descansa un rato de los dragones de Game of Thrones para enfrentarse a mutantes malvados y al acento norteamericano, desempeñándose de manera regular en ambos. Tye Sheridan nos trae un Cyclops más taciturno y quejumbroso, el cual es una caracterización más adecuada que el líder estoico que interpretó James Mardsen y que en general sólo aplica a Cyclops durante los 90s. Kodi Smit-McPhee es Nightcrawler, haciendo un buen papel porque Nightcrawler es simplemente un personaje grandioso.

Regresa Rose Byrne una vez más como Moira MacTaggert y como todos los del cast de X-Men: First Class, parece que sólo han pasado cinco años en vez de 20 desde la última vez que la vimos. Tiene una emotiva reunión con Xavier, una vez que se resuelve esa vez en la que le violó la mente. Otra vez, detalles.

Quicksilver hace otra aparición, para robarse la película en una escena casi tan gloriosa como la de X-Men: Days of Future Past.

X-Men: Apocalypse es incapaz de hacer algo coherente y enfocado con todos estos elementos, algo que hace parecer que ni siquiera fue dirigida por Singer. Todas las películas de los X-Men están llenos de personajes, pero Singer siempre había sido capaz de ignorar cualquier cosa que no fuera importante – aunque eso significase no darle mucho protagonismo a todo su elenco – para centrarse con una precisión y destreza en un pequeño grupo de personajes (usualmente Xavier, Wolverine y Magneto) que mejor ejemplificaban sus ambiciones narrativas y temáticas. Principalmente, el problema es que esta difusión temática hace de X-Men: Apocalypse una cinta que no dice mucho de nada; tenemos a los proto X-Men defendiendo “un mundo que los teme y los odia” (aunque la verdad en ese punto en el tiempo, parecen ya ser bastante aceptados) de una amenaza que quiere erradicar a los débiles, pero no hay mucho por debajo de eso. No hay metáfora, no hay una verdadera solida caracterización de los personajes. Es la película de los X-Men más superficial que se ha hecho hasta ahora, y eso incluye a X-Men: The Last Stand, que por más mal dirigida que haya sido, al menos contaba con un subtexto interesante.

Lo que tenemos son una que otra escena de acción memorables, porque Singer sigue siendo tan bueno para visualizar poderes mutantes como lo era hace 16 años. También está plagada de guiños, aunque parece ser más medicina amarga que otra cosa. ¿Querían ver a la Mansión X explotar, como ha ocurrido tantas veces en los cómics? Aquí lo tienen, pero tiene que llegar Quicksilver convenientemente a salvar a todos los estudiantes en el segundo preciso para hacerlo. ¿Quieren ver a Wolverine, enfundado con su atuendo de Weapon X? Aquí aparece, porque se lo encuentran Cyclops, Jean y Night ya que está en una jaula convenientemente al lado del lugar al que tenían que llegar.

Todo se siente cansado. X-Men: First Class se suponía era el origen de los X-Men, pero no resultó así porque X-Men: Days of Future Past tenía otras cosas en mente, y se le perdonó porque fue maravillosa. Aquí tenemos al tercer intento de crear propiamente a los X-Men y aunque al final eso es lo que tenemos, el camino no resultó interesante. Si se insiste en tener a Magneto en las películas porque Fassbender es un gran actor, entonces hagan algo distinto con él a lo que hemos visto en todas las películas de los X-Men con excepción de la primera. Verlo traicionar a su bando una y otra vez es aburrido. Igual con Mystique, si quieren hacer de ella la líder más importante de los X-Men, entonces que se decida a pelear del lado de los ángeles (™ Chris Claremont) y que no repita el mismo arco de todas sus demás cintas.

De otra manera, lo que tenemos aquí es una amarga y decadente franquicia que ya pasó su fecha de expiración, condenada a repetir lo mismo una y otra y otra vez.

–Héctor