The world is not the same as it was

No debía de haber funcionado. Siempre fue muy bien parecido, muy alto y muy no canadiense, para nada la encarnación físicamente perfecta en la mente de los fans como lo había sido Christopher Reeve para Superman o Robert Downey Jr. en Iron Man años después, pero desde que vimos a Hugh Jackman con ese extraño corte de cabello en medio de una jaula de pelea durante esa primera película de los X-Men, supimos que había sido la elección perfecta. Tal vez no tenía el físico de Wolverine, pero tenía su intensidad.

Por otra parte, cuando le enseñaron a Patrick Stewart un cómic de los X-Men con Charles Xavier, su reacción fue “¿Qué estoy haciendo en la portada de un cómic?”
Durante los siguientes 17 años, Jackman aparecería en todas las películas de la franquicia de los X-Men en la Fox (incluido un “cameo” en Deadpool) y Stewart en la mayoría de ellas. Ambos eligieron esta tercera entrega de la serie adyacente de Wolverine como despedida.

Sabia decisión.

Aunque la serie principal de X-Men tiene el honor de ser la que inició la ola actual de película de superhéroes de gran calidad (los que dicen que fue Blade están simplemente equivocados) y en ella se han encontrado algunos de los mejores ejemplos del género, la serie de Wolverine nunca fue demasiado agraciada. Tanto X-Men Origins: Wolverine como The Wolverine inician de manera perfectamente aceptable, y después de algunos minutos se vuelven experiencias cinematográficas mediocres. La segunda fue particularmente decepcionante, dado que tenía al frente a James Mangold, que había demostrado ser un realizador muy competente en otras cintas.

Afortunadamente, en esta ocasión Mangold recordó que había realizado el fantástico remake del western 3:10 to Yuma y decidió que esa era el género al que la última entrega del hirsuto personaje debería de pertenecer.
En teoría sería una adaptación de la historia de Mark Millar y Steve McNiven Old Man Logan, pero además de la idea de que su protagonista ahora está viejo y achacoso – ambos conceptos que difícilmente se pueden considerar de la autoría de Millar – lo único que lo ata a esa serie cierto evento catastrófico en el pasado, pero que en la cinta se le da a otro personaje. Si tratamos de buscar inspiración, es más fácil encontrar una equivalencia casi Pixaresca con Children of Men, la maravillosa cinta de Alfonso Cuarón de hace una década. Es casi perfecta la equivalencia: ambas son protagonizadas por un derrotado alcohólico que con la ayuda de su perturbado mentor tienen que salvar la esperanza de su especie. Pero más que la trama, la similitud recae en el contexto en el que se desarrolla: lejos de estupideces Millarescas sobre incestuosos hulks, el mundo de Logan, como el de Children of Men, es familiarmente estremecedor. Hay una sensación opresiva de miseria en el mundo que, en Logan, no se limita a los mutantes casi extintos, sino que la humanidad, en general, ha fallado. El mundo ya no es lo que era, Charles.

Logan es un viejo vaquero. No el de los simplistas Westerns de los 40s o los estilizados italianos de los 70s, sino de los tardíos de la época dorada. Es Shane, una película a la que Logan homenajea multiples veces de manera explicita dentro de ella, o William Munny de Unforgiven. Un viejo vaquero cansado de la violencia a la que ha recurrido toda su vida, al cual el tiempo finalmente le pasó la factura.

La cinta tiene algunos personajes que son ostensiblemente los villanos, los fans de los comics reconocerán a Donald Pierce y sus ciborgs, los Reavers, que sirven para perseguir a los héroes, pero ellos no son los villanos de la pieza. El tiempo, con su inexorable paso y su ineludible carga, es el verdadero villano.

Y el tiempo ha hecho estragos tanto con Logan como con Xavier. La trágica ironía es que aquello que era parte de sus poderes es lo que les está matando. El Adamantium con el que está cubierto el esqueleto de Wolverine lo está envenenando más rápido de lo que su factor de curación puede sobrellevar. En el caso de Xavier, sufre de una enfermedad degenerativa del cerebro, lo que en para la mente mutante más poderosa que hay es como un arma de destrucción masiva a punto de estallar en cualquier momento. La cinta no se toma tiempo en explicar esto a detalle, confía en que su audiencia esta familiarizada con los personajes después de 9 películas.

Después del “Incidente de Westchester” que esencialmente mató a los X-Men, se revierten los roles, y es Logan el que tiene que cuidar de Xavier. ¿Por qué es esto tan adecuado? En los cómics, se podría argumentar que el X-Men Principal es Cyclops (aunque eso es cada día mas difícil, gracias a los acontecimientos de la última década) pero en las películas siempre fue Wolverine, y su protagonismo no fue forzado o insertado por el carisma de Jackman, en las historias siempre se mostró cómo Logan estaba más que dedicado al sueño de Xavier de proteger a las nuevas generaciones, e incluso queda como “director” de la escuela después de los acontecimientos de X-Men: The Last Stand. Y recordemos que fue él el que tuvo que viajar al pasado para inspirar al joven Xavier.

En casi todas las películas de X-Men la carga emocional recaía en un triángulo conformado por Xavier, Logan y Magneto. Magneto no está presente en esta cinta, pero Jackman y Stewart son más que capaces de cumplir con la tarea, y lo hacen con toda la habilidad que les dan sus enormes y excepcionales talentos y el beneficio de haber interpretado a estos personajes durante casi dos décadas. La interacción entre Logan y Xavier son el corazón y el alma de la cinta, y en cada escena podemos ver el genuino cariño y respeto que estas dos personas sienten después de haber estado peleando juntos por un fin común durante décadas.

Logan es el resultado de un director y sus actores estando en la cima de sus talentos, con un diestro conocimiento del mundo en el que habitan que los hace reflejar verdadera humanidad en sus interpretaciones. Es una muestra de que el género ha alcanzado la suficiente madurez como para desechar los elementos superfluos, pero al mismo tiempo manteniendo la integridad del material que están adaptando. No hubo una sola amenazante luz en el cielo que indicaba el fin de la humanidad en Logan, ni tampoco un ejército de aliens o monstruos indistinguibles y desechables. No había habido una película de superhéroes tan dedicada a tema y carácter desde The Dark Knight. Incluso se encuentra desprovista de casi toda la semiótica de los X-Men – las imágenes significantes que asociamos con la franquicia – hasta la última toma de la película, reforzado su verdad intrínseca: tal vez sea un western pre-apocalíptico, pero es, fundamentalmente, sobre proteger a las siguientes generaciones. Una película pura de los X-Men.
No se puede decir que cada una de las cintas que protagonizaron Jackman o Stewart fueron obras maestras; algunas fueron bastante atroces, pero ambos actores (junto con Ian McKellan) siempre dieron lo mejor y fueron sin excepción lo mejor de las cintas aunque los demás aspectos fueran deficientes.

Hugh Jackman y Patrick Stewart representaron una revolución en las actuaciones en las películas de superhéroes, donde los grandes actores no se usaban solo para encarnar a los villanos, y en donde se realizaba un verdadero esfuerzo en encontrar el valor del material fuente para llevarlo a la pantalla. En estos 17 años, ambos actores mostraron el mismo (o tal vez más) respeto y cariño hacia esos personajes de viñetas de cuatro colores como el que tienen hacia personajes creados por Shakespeare o Victor Hugo que también interpretaron. Pero aunque no son tan viejos como Logan o Xavier, el tiempo es igualmente su enemigo, y si tenían que retirarse y dejar atrás estos heroicos mutantes que tanta admiración y fans les trajeron, no pudieron encontrar una mejor película para hacerlo que Logan.

–Héctor