Skywalker

Como todos saben, una nueva película de Star Wars se estrenó hace unas semanas, y, siendo una película de Star Wars, los fans de Star Wars la odiaron. Si esto les resulta familiar es porque fue lo mismo que ocurrió en el 2017. Y 2015. Y 2005, 2002, 1999, 1983 y 1980.

Sí, ahora todos enaltecen la belleza y profundidad de The Empire Strikes Back pero no nos hagamos ilusiones. Igual fue recibida con odio y críticas durante su estreno, y si buscan en ciertos lugares del internet, todavía se pueden encontrar estos remanentes que claman ser fans de Star Wars a pesar de haber odiado literalmente todas las películas desde la original de 1977.

Si hay una constante sigue siendo la misma: nadie odia Star Wars más que los fans de Star Wars. The Rise of Skywalker es la prueba final e irrefutable. Si piensan encontrar ese odio aquí, lamento decirles no lo harán. Eso no significa que la cinta está más allá de toda critica; Abrams es un director con fortalezas y vulnerabilidades más que establecidas, sino que estoy enteramente dispuesto a aceptar que J.J. Abrams ama Star Wars como cualquiera de nosotros y quiso darle a la historia una genuina y emotiva conclusión tanto a la historia que George Lucas inició hace 42 años como a la suya propia dando lo mejor de sus capacidades.

Iniciemos por el principio.

I. I have a bad feeling about this…

A pesar de haber tenido una recepción mixta entre los “fans”, Disney ha manejado, en general, la propiedad que compró por 4 mil millones a George Lucas con aplomo y mesura; los dos episodios de lo que ahora se conocerá como la Saga de Skywalker – anteriormente conocida como Las Aventuras de Luke Skywalker y después, como La Tragedia de Darth Vader, dos nombres que ya no servían para englobar la creciente franquicia – fueron un éxito. Con entusiasmo y emoción, J.J. Abrams restableció los origines de Star Wars de una manera cálida y confiable, mientras que introducía personajes entrañables y definidos. A esto le siguió el director y escritor Rian Johnson con The Last Jedi, una hermosa maravilla que le añadió complejidad y madurez a la historia, presentando y desafiando nuestras visiones preconcebidas al mismo que reforzaba el paradigma de Star Wars, mostrándonos una valía en la historia y los personajes que rara vez habíamos considerado. Para concluir la saga, Lucasfilm trajo de vuelta a Abrams. 

Abrams decidió concluir la trilogía como si nunca hubiera dejado la franquicia.

Más que una lectura de la cinta, es prácticamente un hecho. Su co-estrictor Chris Terrio, en un tour de prensa en el que se dio a la tarea de explicar la cinta — una actividad cada vez más común estos días — prácticamente lo confirma, diciendo que había material para dos cintas que se pudieron haber hecho de no ser porque la serie estaba comprometida con el formato establecido por su creador hace décadas. Y si bien en otras manos estos se hubiera podido ejecutar de mejor manera, con Abrams a la cabeza resultó en una tarea sisifesca.

Todo se reduce a Trama, lo que le ocurre a los personajes, vs Historia, lo que los personajes desarrollan. Lo primero es prácticamente inmaterial; sirve tan solo de esqueleto, mientras que lo segundo es crucial. Observen casi cualquier película nominada en esta temporada de premios y verán el poco valor que tiene una trama en una cinta; Once Upon a Time… in Hollywood es básicamente dos tipos hablando por tres horas. Grandes cineastas, al hacer películas que entran tanto en la categoría de entretenimiento de alta calidad que contienen genuino valor artístico, son capaces de mantener un balance entre ambos cualidades narrativas. Alfred Hitchcock era un maestro en ello, Steven Spielberg también, y más recientemente, Christopher Nolan se ha puesto a la cabeza. Incluso el duo responsable por las películas más importantes de Marvel Studios, los hermanos Russo, son hábiles en desarrollar personajes en medio de una caótica y complicada trama.

El problema es que Abrams siempre ha sido un director al filo de mantener este balance. Es muy, muy bueno al momento de crear personajes que desarrollan una conexión y empatía con la audiencia (antes que olvidemos que él es el creador de esta nueva generación de Star Wars y la razón por la que muchos nos encariñamos con estos personajes). Pero al mismo tiempo tiene una enorme debilidad por los excesos de la trama, y en ocasiones estos impulsos llegan a socavar sus previamente establecidas virtudes.

II. I’ve Seen Better

La primera hora de The Rise of Skywalker transcurre más o menos así: nuestros héroes se encuentran en algún lugar teniendo una conversación. Esto es positivo, ya que Abrams posee una capacidad casi Spielbergiana de proveer car.. OH NO AHÍ VIENEN UNOS TIE FIGHTERS. Luego, llega el punto en el que es necesario expon.. HAY STORMTROOPERS EN LA MULTITUD. Esperen ¿qué se supone.. KYLO REN EN SU NAVE A TODA VELOCIDAD. 

Creo que entienden la idea.

En lugar de darle oportunidad a la historia de ser contada de manera orgánica, Abrams parece tener una necesidad casi patológica de ofrecer acción y dinamismo que incluso parece traicionar una reticencia de su parte por enfocarse en los personajes como si no tuviera fe en su habilidad de mantener al público interesado si no hay algo explotando en la pantalla – un desarrollo irónico ya que habilidad, la tiene. Esta necesidad está presente en casi toda su filmografía, pero en ninguna otra se siente tan sobrecogedora como en The Rise of Skywalker. Hay muy pocos momentos para que la película respire durante esa caótica y desenfrenada primera hora de la cinta.

Posiblemente el peor — y mas inexplicable — ejemplo de las vicisitudes infringidas en la historia por su estilo es todo lo que gira alrededor de la “muerte” de Chewbacca. Rey cree que lo mata debido a la sorprendente aparición de sus nacientes poderes del Lado Oscuro. Bien. Solido desarrollo de su personaje. Excepto que no cuenta para nada. El momento de duda a la que tiene que sobreponerse Rey viene después, y la cinta prácticamente no se toma más que unos segundos para registrar la “muerte” de Chewie. Ni siquiera sirve para mover a los personajes dentro de la trama, ya que lo único que hace es establecer otra sidequest que no hubiera sido necesaria si no hubiera “matado” a Chewie en primer lugar.

Abrams tiene un enorme problema con dejar a sus personajes morir. De no ser porque Ford quería matar a Han desde hace 35 años y estaba generalmente establecido en piedra que el villano de esta trilogía tenia que redimirse y morir, dudo que siquiera esos dos hubieran expirado.

III. Blade Tells

El Mago del Suspenso tenia una excelente manera de escribir lo que es un macguffin:

It might be a Scottish name, taken from a story about two men on a train. One man says, ‘What’s that package up there in the baggage rack?’ And the other answers, ‘Oh, that’s a MacGuffin’. The first one asks, ‘What’s a MacGuffin?’ ‘Well,’ the other man says, ‘it’s an apparatus for trapping lions in the Scottish Highlands.’ The first man says, ‘But there are no lions in the Scottish Highlands,’ and the other one answers, ‘Well then, that’s no MacGuffin!’ So you see that a MacGuffin is actually nothing at all.

En otra ocasión lo describió de la manera más simple posible: es el objeto que buscan los personajes que a la audiencia no le interesa.

Los macguffins son un elemento narrativo que no necesariamente tiene que ser malo. Tan solo el mero hecho de que Hitchcock los usaba, y creo que todos podemos estar de acuerdo que el señor sabía una cosa o dos sobre cómo contar una historia, es prueba de ello. Ya sean mapas, medallones o piezas muy, muy importantes de joyería, grandes historias han hecho uso de ellos. Star Wars no es ajena a ellos, y todo inició en 1977 cuando todos buscaban unos planes que revelaban una vulnerabilidad en el mecanismo de control de los villanos. Incluso el mismo Abrams usó un macguffin perfecto en Mission: Impossible III; no sabemos qué es la Pata de Conejo, solo sabemos que es muy, muy malo y que todos lo buscan.

En esencia esas dos son las características esenciales de un macguffin: tiene que ser muy sencillo de explicar. Puedes dedicarle una escena de exposición sobre cómo son unas singularidades que se crearon al inicio de bla, bla, o puedes no decir nada, como el maletín de Ronin. Pero tiene que ser claro. El otro componente es que debe de ser algo que busquen los personajes.

Los macguffins de The Rise of Skywalker reprueban ambas.

Viendo los comentarios, parece que no le quedó claro a la audiencia qué era la daga, cómo funcionaba como mapa, y de dónde venia. Esto no es muestra de una falta de entendimiento de la audiencia, sino de una deficiente y complicada narrativa que no aporta nada a la historia. No se puede establecer que la daga porta una semiótica Sith milenaria prohibida mientras que fue creada hace unos años por un fanboy Sith y esperar que la audiencia desenreda esos conflictivos significantes. 

Ademas de mover la trama, los macguffins deben de generar suspenso. ¿Quién lo tiene? ¿Quién lo obtendrá primero? Oh, no, el villano lo tiene, ¿cómo lo recuperaran los héroes? Esto no aplica tampoco a los macguffins de The Rise of Skywalker. Kylo ya había obtenido su macguffin y llegado a su objetivo en los primeros 10 minutos de la cinta. Literalmente no podía importarle menos el otro wayfinder o la daga. Como prueba, el primero lo destruye apenas lo tiene en sus manos y la primera la deja ahí, nada más, en una mesita en su oficina.

Todavía falta mencionar a Ochi, el Cazador de Jedi, que tiene una historia tan vaga, confusa y, paradójicamente, crucial para la “revelación” que es sorprendente que alguien a quien le pagan por contar historias haya pensado que era una buena idea incluirlo. Aún para una cinta en la que constantemente nos dicen, no nos muestran, es una falta particularmente atroz.

Esta primera es bastante inepta en, bueno, todo. Pero cuando todo parecía estar perdido, Abrams recuerda por qué estamos aquí. Hablemos de Rey. De Rey y de Kylo.

IV. Take Your Hand

Kylo Ren, o Ben Solo, es genuinamente uno de los personajes mejor definidos que existen dentro de la historia de Star Wars, con una evolución coherente, cohesiva y progresivamente lineal que a su vez se mantiene firme dentro de lo que uno espera de un personaje dentro de este universo a la vez que subvierte y se diferencia de todos ellos.

Ben Solo era la representación del privilegio. Nacido de los héroes más grandes de la Guerra Civil Galactica, una senadora y miembro de la realeza, y del valeroso e imponente general que fue instrumental para la victoria. Sus poderes le fueron conferidos gracias a su linaje, y los acrecentó al ser la estrella más grande bajo la tutela de su tío, salvador de la Galaxia y fundador de una nueva orden Jedi. Era natural que eso le confiriera una arrogancia natural y un deseo de imponer su voluntad a los demás. El error de Luke le dio la excusa necesaria para desatar su Lado Oscuro, y caer en las tentaciones de los manipuladores. Le dieron su casco, su boy band y su ejercito. Sin embargo, continuó estando completamente solo.

Rey, por su parte, fue lo opuesto. Abandonada en un desolado planeta desértico, tuvo que aprender a valerse por sí misma. Todos aquellos que la critican y “Mary Sue” y blah, blah, obvian que durante toda su vida tuvo que sobrevivir en circunstancias crueles y duras, peleando y adquiriendo el conocimiento necesario para no morir en medio en las ruinas de una antigua batalla. Privilegios, no tuvo ninguno, y aunque eventualmente encontró un lugar al que podría pertenecer, ninguno de ellos podía siquiera entender el peso que tenia que cargar. Tal vez Luke, pero Luke tenia otro destino, y al final, Rey continuó estando completamente sola.

Estaban unidos, no por un vago y poco especifico concepto sacado de ultimo momento como “Díada de la Fuerza”, sino por un enlace narrativo valido e identificable.

Existen muchas distintas facetas entre estos dos personajes que valen la pena analizar, tanto entre ellos como los paralelismos y simetrías con sus antecesores, que sirven para informar la visión dentro de la historia y los obstáculos a los que deben enfrentarse y que revelan a ambos como unas construcciones únicas dentro de la serie cinematográfica.

Rey no es Luke. Luke tuvo una vida humilde, pero cómoda, con una familia que lo quería. Sus aspiraciones eran míticas: dejar Tatooine y enfrentarse al Imperio, un deseo que se convirtió en fervor cuando supo que su padre era un Jedi. Rey nunca tuvo nada de esto, su deseo era simplemente el pertenecer en alguna parte.

Asimismo, Anakin es muy distinto a Kylo. Anakin era un esclavo, lo opuesto de la privilegiada crianza de Ben Solo y la raíz de su caída: lo único que tenia en su vida fue el amor de su madre, lo que lo hizo desarrollar lazos que contravenían la doctrina Jedi al punto de que por miedo de perder el único amor que tenia en su vida, lo acabó destruyendo. Anakin nunca pudo dejar ir, y lo convirtió en Darth Vader. Esto es importante.

Hay más de qué hablar de estos dos personajes, pero primero, hay que enfrentarse al Mudhorn en la cueva.

Palpatine.

V. Unnatural 

The Last Jedi es posiblemente el mejor Blockbuster de la década de los 2010s y en el top tres de películas de Star Wars. También era un acto difícil de seguir, no solo por su calidad sino por dónde había dejado a los personajes. Rey había enfrentado y aceptado su origen: sus padres, unos don nadies que la vendieron, y Kylo había asesinado a Snoke y se convirtió en el Líder Supremo, más lejos que nunca de la redención. Esto dejo a la franquicia con dos enormes problemas: el Viaje del Héroe de Rey estaba casi completo, y no había nada con qué contrastar la inevitable redención de Ben Solo.

Según reportes, Kathleen Kennedy quiso que trajeran de vuelta al Emperador para llenar el hueco dejado por Snoke y el resultado fue…

Seré sincero. Dejando de lado el instinto tóxico hacia la negatividad que parece que tenemos todos los fans de Star Wars cuando no nos dan exactamente lo que queremos, fue bastante bueno y apropiado. Sí, incluso esa parte.

Primero tenemos a que obviamente trajeron de vuelta a Ian McDiarmid, un regalo que sigue dando casi 40 años después, y parece que cada vez que regresa esta en un punto en que más perfecto no puede ser para el papel.

Tiene sentido. Los que nos adentramos en el universo expandido sabemos que La Primera Orden fue un plan de contingencia creado por Palpatine en venganza, de ahí a que sea la vanguardia de su eventual regreso no hay ni siquiera un salto de lógica. Incluso tiene precedente: en la anterior continuidad también había regresado en un cuerpo clonado.

Es estructural y emocionalmente solido; bailas la ultima pieza con quién te llevó al baile. 

Pero el punto más importante de su resurrección es lo que representa: la más pura esencia de la filosofía Lucasiana que sirve como fundamento para la saga y que representa la diferencia crucial entre los Jedi y los Sith. Antes de las precuelas, fantasmas, visiones y espectros de la Fuerza pululaban en el material expandido hasta que George les puso un punto final y le dio coherencia la Más Allá en la su Galaxia.

El propósito de los Jedi es la abnegación, el servicio a los demás. Yoda lo dijo: somos seres luminosos, no materia cruda. La muerte no es el final, solo un camino más, y el aceptar esto es el ultimo gran acto de abnegación que puede hacer un Jedi; dejar ir la presencia en este mundo para convertirse uno con la Fuerza. El balance entre lo que Lucas llamaba la Fuerza Viviente y la Fuerza Cósmica.

Los Sith rechazan todo eso. La avaricia, el egoísmo y la corrupción es en lo que creen, por eso el Premio Definitivo que buscaba Darth Plagueis el Sabio (¿han escuchado su tragedia?) y después, su aprendiz. Ellos no están para servir a la Fuerza, sino que la Fuerza está para servirlos a ellos. Para ellos, la materia cruda es lo importante.

Por ende, Palpatine se convierte en la encarnación definitiva de la filosofía Sith: Eterno, inmortal, incambiable.

Unnatural.

Palpatine se convierte en el Hoyo, un Vacío que solo puede prolongar su impía existencia robando a los demás. Sith Eternal.

También tiene una nieta.

Terrio explicó los motivos detrás de esta revelación y son enteramente válidos. Necesitaban darle un conflicto a Rey en la ultima parte de la saga y tenia que cubrir el requerimiento establecido por Lucas: tenia que ser lo peor que el héroe pudiera escuchar. Es por eso que, de las opciones posibles, ese deseo enfático que teníamos muchos fans que fuera descendiente de un Skywalker o un Kenobi era poco más que una inútil idea fanboyesca carente de cualquier tipo de peso dramático. Los mismos argumentos que usábamos para defender The Last Jedi aplican aquí, y, al final, cumple el propósito principal de no socavar el desarrollo de Rey ni le resta ni elimina fuerza, agencia o control mientras que al mismo tiempo refuerza una idea central de la Saga que es a su vez universal: no importa de dónde vienes. Tú decides quién ser.

Todas las bases estaban ahí. Si tan solo Abrams se decidiera a dejar de lado la estéril acción de la que se había compuesto la cinta hasta ahora para darnos unas verdaderas escenas que mostraran toda la carga emocional inherente en la serie, o si usara ese talento para darnos acción con genuino y emotivo significado…